Los Sentidos Olvidados de las Truchas - André Saint-Valle

Las truchas y el resto de los salmonídeos son considerados los "peces hechos para la pesca con mosca" Su manera de actuar, sus habilidades en el agua, su instinto oportunista y cazador, su esencia peleadora. Parece la descripción de un pez "mandado a hacer". Por esas otras varias razones, los pescadores con mosca las buscamos y perfeccionamos nuestras técnicas para lograr burlar su increíble capacidad de percibir el peligro.

Para la vida de la trucha, hay dos elementos que mueven sus prioridades. En primer lugar está la protección, si no se logra sobrevivir, no hay nada más. En segundo lugar está la alimentación. De hecho, para una trucha se podría pensar que vive en constante paranoia. Más que paranoia, la existencia permanente de peligro. Si yo fuese una trucha, viviría todo el día mirando sobre mi hombro. Simultáneamente, siempre buscando la oportunidad de atrapar un bocado.

Las truchas utilizan el máximo poder de sus sentidos para estos dos objetivos. Cada uno de estos sentidos tiene cualidades especiales, y aunque existen algunos mitos en relación a ellos, siempre hay que pensar en su alta capacidad de percibir situaciones de su ambiente.

Los pescadores con mosca, por siglos nos hemos abocado fuertemente a trabajar con uno de sus sentidos. La vista. Desde los patrones que diseñamos intentando asemejar visualmente los organismos de los que las truchas acostumbran devorar, hasta la posición en que nos ubicamos en el río, y la presentación que hacemos del ofrecimiento artificial. Todo está enfocado en la capacidad de la trucha de ver la mosca de una u otra manera. Pero los sentidos de las truchas van mucho más allá. Mucho de comportamiento se basa en estas otras capacidades que parecemos haber olvidado a través de la evolución de siglos en la ciencia de la pesca con mosca.

El Oído

Aunque las truchas poseen lo que nosotros entendemos como oídos, estos órganos se encuentran dentro de la cabeza, sin un orificio externo de recepción. Con estos oídos internos, las truchas son capaces de detectar increíbles sonidos de baja frecuencia.

Adicionalmente, el receptor más relevante de las truchas en cuando a las vibraciones se trata de una línea lateral en su cuerpo, que funciona precisamente como un órgano de detección de sonidos. Este sistema de nervios se extiende a lo largo de todo el costado de la trucha, donde puede ser distinguible como una definida línea. Al llegar a la altura de los ojos, se arquea hacia delante por encima de los ojos e invisiblemente por la mandíbula inferior. Se ha establecido que este sistema nervioso actúa como sensor de sonidos muy similar a los que el hombre es capaz de sentir.

La relevancia para el pescador aparece al momento de querer pasar desapercibido por las truchas que se pretende engañar con una imitación visual. La idea es evitar que los peces logren escuchar nuestros pasos a medida que nos acercamos. Pero, como ya vimos, las truchas son capaces de oírnos, y la segunda dura noticia es que el sonido viaja cinco veces más rápido (y audible) en el agua que en el aire en la misma distancia. ¿Entonces? ... cada vez que caminamos por el lecho de un río, pisoteando sin misericordia la grava del fondo, estamos siendo escuchados clara y nítidamente por todos los habitantes salmonídeos de aquella sección de río. La posibilidades hablan de que al momento de efectuar el primer lanzamiento, sumamente preciso, con el patrón adecuado, gran parte de los peces se hallen en un estado de nerviosismo que transformará seriamente la tasa de éxito. Se hace sumamente relevante mantener un paso muy pausado y delicado cuando estemos vadeando sectores que pretendemos trabajar a continuación.

¿Qué pasa con los gritones y habladores? La verdad es que para efectos prácticos, el sonido no es transmitido del aire al agua, no al menos en el caso de lo que hablamos. Entonces, es sumamente seguro mantener una conversación en tono natural, pero a la vez hay que caminar con un sigilo supremo cuando estemos en el agua o en suelo muy cerca del agua.

¿No me creen? Pregúntele a cualquier pescador que haya tenido la oportunidad de pescar los esquivos permit del Caribe. Esos peces pueden ser considerados como los más nerviosos que alguna vez un pescador con mosca ha intentado pescar. Estando sobre un bote, a más de 20 metros de ellos, un simple pisotón en el piso de la embarcación provoca la fulminante estampida del cardumen. (Afortunadamente las truchas no son tan nerviosas).

El Olfato

Debo agregar simultáneamente en este análisis el gusto. Los analizo juntos, porque en realidad los sensores de olfato de las truchas se encuentran en forma de unos tubos en forma de U en la pared superior del hocico. A diferencia de los seres terrestres, que ocupan las mismas vías para respirar, las truchas mantienen sus agallas y sus órganos de olfato separados, por lo que estos últimos son mucho más simples que los equivalentes humanos, por ejemplo.

Su sensibilidad a detectar olores/sabores es sumamente sorprendente. ¿Cuánto? Tomemos el caso conocido y drástico de los salmones que son capaces de encontrar la entrada a su río de nacimiento luego de vagar por un par de años y muchos kilómetros en el mar. ¡Eso es sensibilidad!

¿En qué le afecta al pescador? Nuestra idea es imitar la apariencia visual de los organismos que forman parte de la dieta de los salmonídeos, pero no su efecto oloroso. Entonces no va por ahí. Lo relevante aparece al saber que las truchas encuentran francamente repelente (y me incluyo yo también) olores como los de los derivados del petróleo, los repelentes de insecto (ojo cuando nos aplicamos una dosis y luego atamos la mosca al tippet). Entonces, claramente debemos lavarnos bien las manos luego de manipular sustancias como esas, antes de trabajar con nuestros dedos en las moscas que utilizaremos.

Si además de estos factores mencionados agregamos el hecho de que las truchas son capaces de ver aún en aguas sumamente turbias, entonces queda más que establecido por qué son consideradas realmente unas máquinas orgánicas de altísimo rendimiento. Bueno, dado el duro ambiente en que deben vivir, y el elevado nivel de competencia, eso es todo lo que tienen para asegurar su supervivencia. (Casi lo mismo que los humanos que sobreviven en la vida diaria en esta sociedad moderna ... sin ofender a nadie).

Foto: Pablo Negri.


André Saint-Valle es un suizo que vivió muchos años en Canadá y EEUU, para luego quedarse en este austral país. Ha dedicado gran parte de este siglo a recorrer distintos lugares del mundo, siempre intentando aprender de la vida a través de la naturaleza.

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