
La historia se repite. Así pareciera. Por tercera vez en breve lapso, un buen amigo me solicitó pariera un relato de pesca con mosca relativo a aquellos dulces peces que el latín, con la delicadeza centenaria que le caracteriza, denomina Trachinotus falcatus. Especie única, que en publicaciones especializadas provenientes del hemisferio norte, reconocemos con el nombre de permit, y que en ocasiones se citan equivocadamente como pompano. Historia aparte lo del nombre vernacular, me encuentro frente a mi computadora, en una oficina que emerge de entre un Santiago de Chile con calor de infierno. Es diciembre. Fecha en que acepté. Sobre este asiento y frente a lo que parece un teclado, intento con dificultad y sudor dar forma a una historia que espero sea de agrado y entretención. Difícil tema. Y, a pesar de ello, uno que me apasiona. En extremo. Veamos qué tanto me afecta el sol. No consiguió hacerlo en Belice cuando entre lágrimas intentara por elusivos permit. Esperemos que hoy y aquí, entre el cemento y el hormigón, la historia se repita. Quién sabe si aquella melodía de un gran "Brave" de Marillion que ahora pasea por mis audífonos, me ilumine. Tal vez deba bajar revoluciones junto a Beethoven y su "Sinfonía Coral". ¿Estaré delirando con el calor? Nunca categorices en mosca. Nunca. Paradojalmente, cuál sordo conmigo mismo, por largos años proclamé a los cuatro vientos que pesca con mosca y truchas eran sociedad férrea e indisoluble. Con tanto ardor como proclamara la indisolubilidad de mi matrimonio. Hoy, luego de años inmerso en aquella torpe y miope visión de la mosca, las cosas han variado. Mi matrimonio ya no existe. Así es. Aunque no por ello niegue que debamos intentar en el mismo. Claro, si escogemos bien. Pero, en mosca, niego las truchas como férreas e indisolubles. Sin embargo, las adoro. Sólo como amantes. Nunca volvería a escogerlas como esposas. Jamás. Sin embargo, tal vez escogería a aquellos permit de Belice. De seguro, a una preciosa Bernardita. Tal vez porque en mosca no se puede categorizar. ¿Pero en el amor? Creo que sí. Quién sabe si se perpetúa mi delirio con este calor que abraza. No lo creo.
Rechazando aquel paradigma que históricamente ha conseguido desdibujar el todo en este planeta, aquel que fraccionándolo en partes que por colisión y sumados se restan, me largué a Belice. En soledad y con poco dinero, pero feliz de aventurarme en lo desconocido. Donde la categorización no existe. Entre la película de aquellos azules y turquesas por sobre bajos que entre arrecifes brotan desde la Península de Yucatán para morir al sur de Placencia. Mundos casi desconocidos a la mal llamada civilización, pero extrañamente conocidos por todo quien vaga tras la ilusión de capturar un permit con mosca. Espacios en los que lo natural sublima a la razón. Así, por invitación y luego de acceder a aquellas aguas a bordo de una nave madre, di inicio a mi incursión en la pesca con mosca del legendario permit. Con el inevitable correr del tiempo, descubrí la dificultad del cometido que me esperaba. Contrastando la evidencia empírica con aquella de aguas cristalinas y técnicas, esa en que elusivas marrones seleccionan su presa con pasmosa exactitud, comprendí que me enfrentaba a un rompecabezas, varios miles de veces más difícil de resolver. Una metodológica observación de la cancha, mostraba la real relevancia de una serie de variables que en pesca de truchas no consideramos. El efecto de mareas por nombrar la más simple y obvia, aunque en pesca de anádromos también la tenga, y de importancia. Con una buena dosis de inseguridad, incrementada por la lectura de una serie de textos y artículos que consignaban a esta pesca como aquella de mayor dificultad, me sumergí en un mundo que mostraba un pez de tonos metal, añil y áureo. En aguas de un Océano Atlántico salado, tibio y tropical, y al alero de extenuantes sol y humedad. Preparación, si algo de ello puede labrarse en pesca con mosca de permit, fue algo que me propuse. El magistral "Permit on a Fly" me acompañó en esta incursión. La pluma del gran Jack Samson y el detalle de una serie de condiciones, técnicas y trucos, a pesar de representar suma utilidad, no aseguraban éxito alguno. Razón por la que por días interrogara a George Anderson y Jim Brungardt, en aquel hermoso Yellowstone Angler de Livingston, Montana. Fly shop que por años me ha acogido con amabilidad y cariño dulce. El diseño de su patrón y su uso, aquel llamado McCrab, me mantenía inquieto. Necesitaba conocer los detalles de boca de ambos. Todos. Aquellos que me fueran legados y que aún agradezco. Don Muelrath, aquel buen amigo de California que lideraba el grupo, llevaba años en aguas del Caribe, y un número más que respetable de permit al extremo de su línea. Su ayuda fue invaluable. Particularmente en lo que a técnicas de presentación corresponde. Al igual que la de un mulato Martin McCord, guía belicino y capitán de la nave madre en que evolucioné por lapso de algo más de una semana en mi correr por la mosca. De él algún día robaré ojos e intuición para usarlos en mi favor. Al guiar y pescar permit con una mosca. Cuanto patrón se atravesara por mi frente quedó grabado. Sin lugar a dudas aquel tildado Merkin Crab, el más popular. ¿Y tal vez efectivo? Así lo señala la historia. Testimonio empírico que favorece el diseño de manos de un conocido Del Merkin. ¿Cómo tener éxito con un permit? ¿Qué tan difícil es su pesca con mosca? ¿Dónde practicarla y cuándo hacerlo? ¿Qué técnicas y talentos son esenciales? ¿De cuáles se puede prescindir? ¿Qué diferencia con la pesca de truchas ofrece? ¿Cómo detectarlos y poder predecir su trayectoria? ¿Cómo controlar caña, carrete, línea y todo aquello que participa en la gesta? ¿Cómo clavar y manejar el pez una vez en la línea? ¿Qué equipo y patrones son esenciales? ¿Qué representa pescar un permit para un pescador de mosca? ¿Por qué un permit y tan solo un permit? La lista de preguntas, interrogantes y cuestionamientos, es impresionante. Muchas de ellas de largo y duro análisis, el que luego de iniciar, en ocasiones sólo eleva el nivel de entropía en nuestra angustia por aprender. Pero como todo, quien persevera llega a puerto. Intentemos un análisis de ellas a la luz de la experiencia pública y de la propia. Esta última, débil, pobre y simple, pero llena de esfuerzo que espero valoren y sirva. Créanme que predecir o asegurar el éxito en la pesca con mosca de este pez, sería un acto total y completamente imposible e irracional. Admitan mi testimonio. Por favor. Numerosos autoridades de la mosca mundial han paseado por años sus moscas en los llamados flats buscando un permit. Paseado, porque además de presentarlas con suavidad y hermosura, nada más ha ocurrido. Excepto, de seguro, las tres etapas porque pasamos todos en aquellas circunstancias: esperar, rezar, y finalmente maldecir. Todos digo, porque nunca he maldecido tanto en mi vida. Aunque, sería un malagradecido si no admitiera que mis plegarias dieron resultado más de una vez. Dios me premió con tres. Aún dudo merecer tal premio. Sí. Tal cual leen. Un premio. Eso es pescar con mosca un permit. Nada más que eso. Un regalo, que con modestia, humildad y altura de miras, se debe recibir para luego ofrecer a Dios, a nuestros seres queridos, y a todos los que conforman esta hermosa cofradía, adentrándose en sus misterios. Es un deber el hacer pública la experiencia, que aunque pobre, siempre ayuda. Y bueno amigos de mi querida y hermana República de la Argentina, aquí estoy y sigo. Con el placer de poder traspasar algo de esta endeble experiencia.
Adentrémonos en dónde practicar la pesca de permit. Sólo he visitado Belice en mi incursión por esta especie, por tanto, lo que reseñe se encuentra fuertemente influido por dicha experiencia, no obstante incorpore y con fuerza, la de miles de otras bocas. Todas ellas bastante más letradas y mejor habladas que la mía. De ello no cabe duda alguna. Reportes de permit van desde la costa norte del estado de Florida en EE.UU. hasta al norte del popular y hermoso Los Roques, en la costa de Venezuela. Siempre en el Océano Atlántico. Los destinos más conocidos son, sin derecho a interpelación, la Península de Yucatán en México, y Belice. No obstante, es Belice el destino considerado por muchos, sino todos, el más productivo en números y tamaños. Así lo confirma la evidencia empírica. ¿O es que se celebra un mayor número de viajes a Belice en busca de esta especie? La respuesta es no. Curiosa y extrañamente. Pocos viajan a un destino de agua salada sólo en busca de permit. Muy pocos. La elección es por lo general una mezcla de aquellas especies que integran el llamado grand slam. Con nombres anglosajones, bonefish, tarpon y permit. Un caso de mapas de indiferencia, gustos y preferencias, citaría un economista. De seguro gatilladas por la escasa seguridad de éxito de la mano de nuestro anfitrión. Gustos y preferencias de interesante análisis y que revelan el que para muchos de quienes integran la cofradía de la mosca, número y tamaño siguen sobrepasando a desafío como concepto de raíz. Evidente y comprensible cuando se pasan pocos días al año, si es que algunos, en el agua. Y entonces, es la Península de Yucatán con una serie de lodges de excepción, la que recibe el mayor número de visitas. Pero es Belice, fuera de donde se ubican los lodges más conocidos, el que concentra la mayor cantidad y calidad de esta especie. No por ello más fáciles. Tanto o más difíciles, aunque no sufran con la presión de pesca de otros lares. ¿Por qué? Habría que preguntárselo a ellos. Lo declaro. No he conocido un pez tan difícil de predecir, entender, y peor aún, engañar. ¡Qué desafío! Y así, los boletos para quien desee adentrarse en esta fantasía -- ¿una fantasía o una adicción? -- deben estar dirigidos al sur de Belice City, por sobre el arrecife de coral que se extiende a la cuadra del continente, hasta algo más al sur de la hermosa y pequeña Placencia. Éste es el lugar. No otro. Embarcados. No en un lodge. Claro, consejo para aquellos que sólo deseen centrar sus esfuerzos en permit. Este no es el lugar para quien busque mezcla y cantidad. ¿Cómo prepararse? Sin duda el entrenamiento en técnicas avanzadas de casting representa "la variable" de mayor relevancia. Indudablemente que luego de un acabado aprendizaje del control de la impaciencia. Una perfecta, así es, perfecta ejecución del llamado double haul, es aquí esencial. Ello presupone excelencia en la práctica y ejecución de tanto back como forward casts. Y no solo hablo de presentación con delicadeza y un buen casting stroke, sino de rapidez en su ejecución, unido a conseguir buena distancia. En efecto, al encontrarse en la proa del skiff -- embarcación en que se navega para el desarrollo de esta pesca, y en la que merced a una pértiga de largo alcance, el guía vence la inercia al aproximar los llamados flats -- ante el aviso de permit, se cuenta con breves segundos para reaccionar, y no más de dos false casts, para presentar adecuada y gentilmente el patrón escogido en la cercanía de nuestro objetivo. Es entonces, de relevancia completa, la capacidad de reacción adecuada a la circunstancia. Nuestros amigos no perdonan errores ni esperan. Paciencia, rapidez, distancia y delicadeza, son términos esenciales en la pesca de permit. Quien olvide uno de ellos, nunca obtendrá su premio. La postura corporal en la proa del skiff, es otro elemento de alta relevancia. La posición llamada ready-to-go es la única que puede y debe practicarse si de conseguir éxito se trata. La misma consiste en la postura de pies estables, separados entre sí tanto como sea recomendable para ejecutar un cómodo cast, la caña en aquella mano que la controla y siempre paralela a la superficie, mosca en la mano opuesta, y un buen largo de línea fuera de la puntera, deseablemente unos tres a cuatro largos de caña, al menos. El freno del carrete se ha ajustado previamente, y no debe, bajo pretexto alguno, modificarse. Los pies deben encontrarse descalzos o cubiertos por delgados calcetines, pero nunca jamás vistiendo zapatos de vadeo. La razón es simple. Permiten sentir la línea bajo ellos y así evitarla. Un mínimo error con la línea... y adiós pesca. A la voz del guía... un... dos... y... voilá. ¿Voz del guía? Sí. Voz que gemirá distancia en pies y no en metros, y que indicará la posición con un reloj imaginario, en el que el mediodía se ubicará en la proa de la embarcación. Ya lo comprendió. También debe entrenarse en distancia en pies -- si tan sólo cambiaran este mundo al sistema métrico decimal... -- y en el tema del reloj. Sí, claro.
¡Qué quilombo el del equipo! "Compra una caña 8 o 9. Tal vez sea mejor una 10. ¿Y si compras una 10/11... no será más versátil?", indicaban varios miles de sugerencias verbales, artículos e incluso textos. Un análisis de fortalezas y debilidades de cada una de ellas, finalmente volcó mi decisión por una caña AFTMA 9, con un largo de 9 pies, de acción rápida, e indudablemente multitramos. ¿Marca y modelo? Los únicos que uso; mis adoradas GLX de G. Loomis. Siempre he señalado que cada uno debe buscar su propio estilo en cuanto a casting, por lo que no sugeriré marcas ni modelos. No corresponde. Sólo cito mi preferencia, muy particular y personal, y que no dudo diferirá de muchos. Sin embargo, existe un punto a insistir en la elección de una caña adecuada: quien no porte una que ofrezca rápida acción y buen lifting power en su butt, tendrá mínimas posibilidades de suceso en su intento por permit. Es una seria sugerencia. No bromeo. Tampoco lo hago al exhortar que el carrete que acompañe a la caña, sea de gran calidad. Mi preferencia es, en este caso, el nuevo y magnífico Super 8 de Abel. Una joya insuperable. A mis ojos. La recomendación es contar con uno que brinde plena seguridad en cuanto a freno -- debe ser de disco -- y una gran capacidad para almacenar al menos 250 yardas de backing de 30 libras. Preferibles son aquellos modelos que entregan, ante iguales condiciones, un recogido más veloz. Caña y carrete deben balancearse perfectamente. No está demás repetirlo, como así también, el señalar que la línea usada sobre el 90% del tiempo, es una WF floating. En este caso, sin embargo, aquellas diseñadas específicamente para aguas saladas y tibias; no deben utilizarse aquellas que manejamos en la pesca de grandes marrones anádromas, a no ser que disfrutemos observando cómo su plasticidad comienza a asemejar a la de una goma de mascar. Por cierto, situación de angustia y nada de divertida, luego de percibir que nos encontramos a varios miles de kilómetros de casa, y que se agudiza por una pobre capacidad de casting ante situaciones de viento. Portar una WF intermedia no es una idea descabellada. ¿Quién sabe? Sin embargo, de hacerlo, se debe pensar en una segunda caña en la que se monte la línea junto al leader, y el correspondiente patrón. ¿Locura de cañas? Pareciera, pero no lo es. La respuesta es simple. Ante la presencia de un permit, no existe holgura de tiempo para cambiar líneas ni atar nuevos patrones. No lo olviden. ¿Leaders? Mientras más largos, tanto mejor, pero el viento puede hacer el casting de largos leaders, virtualmente imposible. Un largo de entre 9 a 12 pies es el recomendado, con resistencia de entre 10 a 14 libras. Prefiero el fluorocarbono, el que aunque menos resistente a pruebas de tensión, ofrece mayor transparencia y mejor resistencia a la abrasión y la temperatura. En moscas no es mucho lo que podemos hablar. Pocos patrones han probado mayor efectividad que el llamado Merkin Crab, diseñado por Del Merkin. Una segundo opción en la lista está dada por la McCrab, diseño de George Anderson y mi gran amigo, el buen "Jimbo" Brungardt. Ambos patrones, en números 4, 6 y 8. No ahondaré en vestimenta ni en otros similares. Si alguien requiere del consejo, estaré encantado de ayudarle. Espero no estar tras unos permit en Belice. ¿O lo espero? Honestamente creo que sí. Negarlo sería mentir.
Una larga lista de interrogantes queda por responder. Larga en exceso. Imposible de agrupar en un artículo, aunque intentaré reunir en amigable resumen, las que pueda. También algo de experiencia. Me imagino que esto ya se ha tornado en lectura agria y difusa. Espero que no. Y si así es, me disculpan. Esto de las técnicas y las recetas de cocina, poco y nada me gustan. Pero que va. Las necesitamos para entender a estos pececitos. ¡Pececitos que parten la cabeza! Y que desgraciadamente enamoran, cual musa, a quien les conoce de cerca. Pervierten. Linda perversión, que confieso, no puedo negar. Viajemos a su pesca. Armados de equipo, técnicas y un destino escogido, sólo resta la acción.
Las semanas que dediqué exclusivamente a la pesca de permit en aquel hermoso y turquesa arrecife a la cuadra de la costa de Belice, me enseñaron características únicas de la pesca de esta especie. Difícilmente podré olvidarlas. Martin y Dean, guías que me acompañaron en esta locura, me iniciaron en la aventura sólo luego de estar seguros de que hubiera comprendido cómo reconocer la llamada nervous water. Tal como pueden sospechar, aquellas llamadas "aguas nerviosas", corresponden a un grupo o escuela de permit. Una idea que parece fácil. Otra cosa es, sin embargo, con guitarra. Saber distinguir distintos tipos de nervous water es imprescindible. Tal como se lee. Muchas, sino todas las especies que habitan los llamados flats, ramonean entre arena, coral y algas, en busca de comida. Una variada carta crea no poca dificultad a la hora de intentar detectar cuál es el plato escogido por nuestros amigos. En dicha búsqueda, escuelas de peces de todas las clases describen oleaje fuera de lo habitual en la superficie. Y de seguro, lo que más sorprende es el descubrir, luego de agudizar y enseñar la retina por días, que cada especie muestra un oleaje particular. Uno que la distingue y que, además, permite en pequeña medida predecir su recorrido. Como se lee. Casi como entender un rise -- o subida -- y qué representa, acorde con la ausencia o presencia de una burbuja, y la posición de la trucha. Casi, porque esto muestra infinita mayor dificultad. ¿Cómo explicarlo acá? Difícil sino imposible. Aunque cuando el agua hierve, es porque algo la agita. Y cuando el hervor es aguzado en extremo, con olas algo abultadas pero separadas, que corren con velocidad, nos encontramos frente a una escuela de permit. En promedio y con una pobre descripción. Me disculpan. Tal vez ayude el señalar que ello ocurre con la subida de mareas, y principalmente con las más altas, aunque excepciones existen. Distinta historia es cuando podemos detectar un tailing permit en aguas someras. Una distintiva porción superior de aquella plata y oscura aleta caudal, asoma inconfundible y nerviosa. Vibra de lado a lado. Con frenesí eléctrico, que casi por conexión remota, se nos transfiere. ¿Por qué nervous water y tailing permit? Porque sin excepción, se debe avistar todo permit previo a cualquier presentación. No existe aquí la pesca a ciegas. Algo que aquellos buenos guías de trucha intentan invariablemente inculcar en sus clientes. Materia que pocos clientes comprenden. Y, sin embargo, quienes lo hacen, lo agradecen con el alma. Tal como lo hiciera con Dean y Martin. A ellos les debo buena parte de imborrables imágenes en una nueva retina. Un aviso explosivo, no obstante calmo en volumen, sucede invariablemente el avistamiento de la llamada nervous water o a la detección de un tailing permit. Aquel anuncio, rememorando fuerte herencia Maya, incorpora predicción. El dónde se ubicará el objetivo, un permit, al momento del cast, es parte de la brujería y del encanto. Misterio aún sin resolución al alero de la razón. Representa intuición pura, que merced a dioses milenarios y a naturaleza, entrega magia. Valga esta explicación en el intento por comprender la imposibilidad que enfrento, al procurar entregar alguna explicación de cómo Dean y Martin pudieron, tantas veces, predecir con total exactitud el trayecto de una escuela de permit. Aún no lo comprendo. De seguro, en atención a que muchos de aquellos dioses, aún no me regalan con tal sabiduría. Talento y herencia de una cultura ancestral y ejemplar. La Maya. Y así, luego del avistamiento y posterior aviso, sobreviene lo invariable y con que por minutos, horas, días, semanas, meses, y en muchos casos años, hemos soñado. "Go mon! Go mon! Ten o'clock and 70 feet... NOW!", retumba un inglés creole, cuyo pícaro acento confunde con facilidad al más docto en lenguas. "One, two, three... cast NOW!", prosigue, mientras al compás de una línea que el fabricante denomina sunrise, penden leader, tippet y una buena imitación de un cangrejo que diseñara un tal Merkin. Un loop cerrado y aguzado sigue al intento, para en un segundo forward cast depositar con delicadeza y en el objetivo, el patrón. Ahora, a contar para que éste alcance el fondo, y mientras, observar el comportamiento de la escuela, si es que hemos sido favorecidos con la ausencia de una estampida en masa. No poco habitual, pensando que variables que en pesca de truchas consideramos nimiedades, aquí se constituyen como de crucial relevancia. Algunas de ellas controlables -- recuerdo que nos encontramos a más de 70 pies de distancia del grupo -- como una pobre y violenta presentación, la torpeza de iniciar el recogido con strips, leves movimientos y golpes al interior del bote, oleaje artificial sobre el objetivo producto de una abrupta detención, golpes en el casco de la embarcación merced a una posición incorrecta, destellos de prendas, cañas, líneas, leaders e incluso el patrón que presentamos por sobre la escuela, o la infaltable sombra que proyectamos con nuestro cuerpo, caña y línea, e incluso leader. Otras variables incontrolables, y que por lo general arremeten contra el éxito son el vuelo rasante de un ave sobre la escuela o en sus cercanías, el ingreso de más de algún tiburón al área cercana, el merodeo de una escuela de bonefish en el sector, e incluso el mal hábito de una barracuda en cuanto a tomar nuestro artificial, en circunstancias que lo ofrecíamos a un permit. Sumado a todo esto, el factor del viento -- que rara vez escasea -- un sol que sofoca, y una humedad que difícilmente es aguantable. Así y todo, tenemos alguna mínima posibilidad de engrosar el listado de aquellos pocos afortunados en recibir el regalo que en párrafos anteriores citara. De ocurrir ello, se inicia una fiesta cuyas consecuencias finales son impredecibles. Fiesta a la que doy cobertura en el párrafo siguiente, no sin antes recordar que la presentación de la mosca se efectúa sin mover un ápice el patrón, una vez que éste alcanza el fondo. Tal vez un mínimo y extremadamente delicado movimiento es necesario, muy de vez en cuando. Pero, sin embargo, muy de vez en cuando. ¿Uno cada cien casts? Probablemente.
"Pablo, nunca claves un permit como lo haces con una trucha", apuntó reiterada y majaderamente Don durante mi primera experiencia de permit en Belice. Todos sabemos cómo clavar una trucha. Pero, ¿y un permit qué tiene de especial? Aquellos de Uds. que alguna vez hayan cobrado un tarpon sabrán a qué me refiero. En este último caso, el importante aparato óseo en la mandíbula de este pez, obliga a repetir clavadas horizontales sobre el mismo, tantas veces como cuantas sea posible. Lo mismo ocurre con un permit, aún cuando en éste caso no hablamos de huesos, sino de una consistencia en su boca que se ha descrito como similar a la del caucho, y que, por tanto, es de difícil penetración. Recapitulemos. ¿Cómo clavo un permit? Una vez que éste haya tomado el patrón -- así es, tal como con una mosca seca, pero esta vez en el lecho del flat -- procede, sin levantar la caña, clavar violentamente hacia atrás, horizontalmente, una, dos y tres veces, si es posible tales. Luego, levantar la caña y créanme que este torpedo de agua salada hará lo sobrante. Claro, a no ser que se encuentren pisando la cola de rata, enredados en el backing o con algún inconveniente de salida de línea. En tal caso, es buena práctica el lamentarse desde un principio. También lo es cuando, durante la corrida, el torpedo al extremo de la línea decide emprenderla exactamente a aquel lugar donde se encuentran todas esas cabezas de hermosos corales. Infernales obstáculos, aunque hermosos a rabiar, debo reconocer, cuyos bordes son tan o más aguzados que los de una buena hoja de afeitar. "¡Chao!", es una buena despedida en tal caso, seguida de alguna maldición -- no se preocupen, un buen guía siempre les enseñará alguna. Si las condiciones se cumplen, luego de buenos y extenuantes minutos en los que unos buenos litros de sudor junto a varias decenas de yardas de backing se habrán vaciado, la faena estará concluida. Entonces, luego de la sesión de modelaje, corresponderá devolver la pieza a su medio, agradeciendo a Dios. Pescar un permit con mosca -- con cangrejos vivos son algo más fáciles de pescar -- no es algo de cada día. Hacerlo una vez no asegura el repetirlo durante el resto de nuestras vidas. Ello es lo que hace la oportunidad tan especial y única, junto al espectáculo que sigue a cada una de sus carreras. Casi como el matrimonio, aunque como cité en un segundo párrafo, no lo repetiría con truchas en mosca. Ya aprendí la lección. No así en el amor. Dicen que es ciego. Al parecer, igual que la irremediable persecución por un elusivo permit. Sin duda, uno de los peces más difíciles con una caña de mosca. No por su peso ni por sus corridas. Por su astucia. Aquella que nos hace ver cuán miopes somos, cuando en ocasiones cegamos nuevos horizontes inmersos en este arte. Destinos proverbiales que me alegro haber descubierto. Con agrado y emoción les invito a descubrirlos. Ahí están. Esperando. Nunca es tarde. Otro más tras un permit. La historia se repite. |
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