Las Truchas del SaltoTexto y Fotos: Emilio Mahias Siempre que se habla de cuentos me dan ganas de contar sobre aquella vez, hace algunos años, estaba de vacaciones en una casa de un fundo de la precordillera. "Mañana me voy a pescar y no se preocupen porque voy a quedarme en Los Pozones del San José unos días", les dije a los inquilinos. Partí bien temprano con mi perro, una mochila con víveres y un buen libro, caminando por la orilla del río de aguas cristalinas, con pozones donde se ven nadar los peces.
Llegue a Los Pozones y seguro de encontrarme en la soledad más absoluta, prendí fuego y me dispuse a preparar la comida. Estaba en esto cuando el perro se puso a ladrar mirando hacia unas matas de quila bajo un añoso roble. Un poco asustado por la insistencia del ladrido grité “¡quién anda ahí!” a lo que para mi asombro, un huasito con poncho y ojotas salido de quién sabe donde contestó, “tranquilo amigo” y se acercó estirando las manos al fuego. Me llamó la atención verlo sin aperos de pesca ni morral y le pregunté en qué andaba por esos lados, a lo que respondió que se le había perdido un vaca overa y andaba en la huella. Le ofrecí un cigarrillo. "No fumo", me dijo y se quedó en silencio mirando hacia el fuego. Después de un rato me preguntó, “y qué tal anda la pesca”, a lo que le contesté, “no muy bien, han picado, pero sólo chicas”. "Tiene que ir al Salto", me dijo, "allá están las grandes". "Eso está re lejos", le contesté. "No tanto", dijo, "si sigue por el río, cuando lo cruce un camino tiene que seguir la huella que va hacia el cerro, llega rapidito, mañana va a estar bueno porque hay luna". Lo invité a comer lo poco que había, sacando un trozo de charqui del bolsillo de la chaqueta y sacudiéndolo contra el poncho me dijo, "gracias, voy a seguir la huella de la vaca, no se me aleje mucho", y sacándole una punta al charqui se la tiró al perro, que no se despegaba de mis rodillas. Se volvió y desapareció por entre las matas. Me gustó la idea de sacar alguna trucha grande y después de comer me metí en el saco a dormir. La idea era partir temprano para llegar al pozón de la cascada en el día. En la mañana después de tomarme un par de mates, arreglé la mochila y partí río arriba. Caminé buena parte del día. Sólo paré para comer un poco de arroz que me había quedado de la noche anterior. Al caer la tarde llegué al cruce del camino, tomé la senda del cerro y para mi sorpresa, llegué rápidamente al pozón del Salto, justo a la hora en que saltan a picar. Era una delicia, se podían ver unas tremendas truchas.
Apurado armé el equipo y hice los primeros lances. Las truchas seguían la mosca, pero no atacaban. Cambié de mosca y lo mismo. Al final, después de muchas pruebas, puse una hormiga negra atada en un anzuelo #18. Ya estaba oscureciendo y se veía asomar la luna entre los cerros. Era lo que estaban esperando, porque no alcanzó a caer cuando ya la tenían agarrada. Después de un rato y tres truchas que me dieron buena pelea - una de ellas la más grande que había sacado en la zona - paré porque se veía poco. Me dejé la última para la cena y me devolví por el río para hacer el campamento, en la orilla del salto había mucha neblina. En la mañana siguiente me fui temprano al pozón y traté de sacar otras. No fue posible: las truchas habían desaparecido, a la hormiga no le hicieron nada. Estuve todo el día lanza que lanza, cambiando mosca. No hubo caso. En la tarde al oscurecer, nuevamente aparecieron y se las veía saltar. La hormiga nuevamente cumplió su cometido y picó una grande. Quizás con el apuro o era muy grande, no sé, pero se cortó el tippet. No tenía otra hormiga así que lo tuve que dejar. Volví al campamento y después de pasar la noche partí de regreso. Llegué a los pozones donde me había encontrado con el huasito y después de hacer unos lances sin mucho ánimo, dejé de pescar y me preparé unos mates con galleta y me puse a leer. Después de un rato y pensando en que el huasito me había pasado un buen dato, saqué el saco y me puse dormir. Al día siguiente después de una buena caminata, llegué a la casa de los inquilinos. "¿Cómo le fue?", me preguntaron. "Súper bien", les dije y pasé a contar mi encuentro con el personaje y sus recomendaciones. Algo en la expresión de sus caras me hizo preguntarles qué pasaba. "Nada", me dijeron, pero algo había que me hizo insistir y después de muchas vueltas, me contaron que unos años atrás un arriero de un fundo al norte se le perdió una vaca overa, y salió a buscarla en esos cerros, nunca volvió. La respuesta me dejó pensando, “¿habrá muchas vacas overas que se pierdan en los cerro?”. |
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