Vagabundo - Hiking, Backpacking y Camping, recorriendo la Naturaleza - Rodrigo Sandoval

Nuestra Relación
con los Senderos

No sé si alguien aún concibe una excursión en que no exista ningún sendero en el itinerario. Los lugares en que hacemos camino al andar, en que nos trazamos por instinto la ruta a seguir, en términos prácticos, ya no existen. La razón es que básicamente ya no quedan lugares inexplorados. Si algún lector aún posee esa indómita predilección por los lugares salvajes, en realidad, al igual que yo, ha sucumbido a la idea de que el sólo hecho de visitar los lugares que tanto apreciamos, implica en cierto nivel alterarlo.

En el caso de un viajero embarcado, por ejemplo, un kayakista, existe la real posibilidad de no dejar una huella de paso a medida que se avanza por un lago o por un fiordo. No así el mochilero, o aquel que usa su mountain bike, o incluso un caballo. Las marcas son evidentes y se transforman con el tiempo en lo que conocemos como senderos. En este sentido, los senderos son una evidencia clara de que no somos los primeros en visitar un lugar en particular. Simultáneamente nos dan una dirección clara, y muchas veces una ruta óptima para recorrer diversos parajes.

Para mí, la presencia de un sendero es tranquilizadora. Recuerdo hace algunos años haber recorrido un cordón montañoso entre dos valles hermosos, en la Carretera Austral. Recorrí gran parte del día desde uno de los lagos del valle más alto, siguiendo un sendero que partía desde las orillas del lago hasta las cumbres del cordón. Al llegar al extremo opuesto del lago, la visión impresionante de los juncos, junto a ese color esmeralda, fueron demasiada tentación, así que abandoné el sendero en altura para llegar después de mucho esfuerzo a la orilla del lago. (Ya sé qué están pensando. La verdadera razón fue pasar a lanzar un par de moscas entre esos juncos ... y así fue, y saqué dos farios muy peleadoras). Luego de un par de horas, comencé a remontar el cerro. Desde abajo era imposible determinar dónde había abandonado el sendero, y sólo especular dónde podría seguir. La verdad es que me llevó un par de horas sortear las barreras de plantas espinas y arbustos impenetrables hasta que llegué al sendero. Ha sido la ocasión en que más ansias he tenido de ver un sendero, por la tranquilidad y seguridad que me ofrecía, ya que no encontrarlo me habría significado horas invertidas en buscar una ruta transitable para salir del valle y llegar a mi destino. Las horas de luz restantes no eran infinitas, por lo que una demora excesiva atentaba contra mi integridad física.

OK. Queda claro que tener la posibilidad de seguir un sendero es una gran ventaja, así que en adelante pasaremos al concepto de valorar los senderos, y por consiguiente, cuidarlos adecuadamente.

Un sendero, como ya estamos describiéndolo, es una herramienta útil para quien disfruta de recorrer lugares diversos. Nos indica una ruta, muchas veces óptima, pero al menos segura, que va de un punto a otro. Sabemos, al seguir un sendero, que vamos a un destino específico. Veamos algunas consideraciones que deben tenerse en cuenta.

¿Qué daño podemos hacerle a un sendero?

Volvamos al concepto de que el sendero es útil, porque nos provee la seguridad básica al recorrer una zona que muchas veces nos es desconocida. Sin embargo, la idea no es tener que recorrer terreno que implique inseguridad. Un sendero degradado por la ladera de un cerro o montaña puede transformarse en un lugar peligroso, en especial si el sendero se ha erosionado y puede desprenderse bajo los pies del siguiente paseante. En ese caso, seguir el sendero indicado, ahora degradado e inestable, es una invitación a un accidente serio.

Sendero Erosionado

El daño que podemos hacerle a un sendero es precisamente degradarlo. Ya sea por el tratamiento mismo que nuestras suelas de alta adherencia le dan al suelo, o por la degradación del terreno inmediato a los lados del sendero, que de perder parte de la vegetación, lo deja más expuesto a los efectos de las lluvias.

El resultado de esta degradación y erosión del sendero es que efectivamente pierda su estabilidad, caso peligroso en una ladera. O que simplemente se hunda y se transforme en un pasillo que finalmente perderá su transitabilidad, obligando a los excursionistas a rodear los tramos más degradados, creando nuevas huellas en un terreno de idénticas características, que a su vez tomará otro periodo en degradarse al mismo nivel de la ruta original. Si vemos al largo plazo, eso implica un nivel de maltrato al terreno de grandes proporciones, afectando indiscutiblemente a la flora y la fauna aledaña.

Una observación especial merecen los bastones para caminata. Yo los utilizo y los recomiendo claramente en senderos que involucren inclinaciones que afecten la estabilidad de la caminata. El bastón, más que un apoyo contra el cansancio, constituye un apoyo que puede evitar accidentes de diversa consideración. Está claro que en ciertos casos, caminar con dos apoyos es muy distinto a utilizar tres o cuatro. Pero el efecto que los bastones producen a los senderos es más drástico que las suelas de cualquier bota. Por lo que insisto en que se guarde el bastón o se lleve en el aire si las condiciones del terreno no requieren su utilización. La mayoría de los bastones que hoy se utilizan poseen un peso casi irrelevante, por lo que llevarlo en la mano no es molestia en un sector más bien plano. De ser posible, adosarlo al costado de la mochila es lejos la mejor opción.

¿Qué daño puede haber si nos salimos del sendero?

Salirse del sendero en áreas que son relativamente populares es un poco contraproducente. Desgastar el sendero en estas áreas es mucho mejor que desgastar el entorno. En este tipo de áreas, que constituye la gran mayoría de los lugares que visitamos (parques nacionales, reservas, etc.), los senderos existen principalmente para concentrar las pisadas de los visitantes en una huella establecida, que proteja el ambiente alrededor. En estos casos, la recomendación es clara: no salirse del sendero.

¿Cómo podemos cuidar nuestros senderos existentes?

Para comenzar, es necesario identificar las condiciones que aceleran el proceso de erosión de un sendero. En primer lugar, aquellos terrenos relativamente blandos, en especial aquellos húmedos, son muy propensos a la degradación por su uso. De ser necesario transitar por senderos de estas características, recomiendo seriamente el uso de zapatos de excursión, cuya suela tenga un perfil simple. Dicho de otra manera, evitar el uso de botas de excursión con suelas de dibujos muy marcados. La excepción es claramente aquellos senderos que necesariamente involucren una sección inclinada (en especial el caso en la bajada), en que unos zapatos de suela muy plana arriesguen la integridad propia.

Sin Dejar Rastros

Otra consideración es evitar transitar por estos senderos justo después de una lluvia apreciable. Es muy posible que el terreno quede demasiado barroso, lo cual lo hará intransitable en cualquier caso. De darse la situación en que el efecto de la lluvia no sea tan drástico para la transitabilidad del sendero, aún queda la condición de debilidad de la tierra, la que con las pisadas se verá mucho más afectada que en condiciones de menor humedad.

Transitar en grandes grupos es un factor muy expresivo. Muchas veces, los senderos alcanzan a recuperarse de las pisadas de un viajero en días e incluso horas, volviendo a tener la solidez y estabilidad de la tierra. Pero de ser pisoteado por una tropa de paseantes en un breve periodo, la posibilidad de soltar capas, piedras, ramas, y otros objetos que lo estabilizan, es cierta, y aumenta en función de la cantidad de pisadas en ese corto periodo. No estoy implicando la vida del excursionistas solitario. Es simplemente un elemento a considerar cuando se planifica una excursión masiva. De ser el caso, es muy recomendable escoger rutas que atraviesen zonas de terrenos sólidos y duros, evitando aquellos más frágiles.

¿Cuándo no conviene seguir un sendero?

Eventualmente ocurrirá que el sendero está apenas marcado en el terreno, y la razón básica se debe a que es una zona muy poco recorrida. Podríamos considerarla una zona aún prístina. De ser así, lo ideal sería conservarla en su estado original lo más que se pueda. Si seguimos maltratando el terreno que marca la débil huella, entonces aquel maravilloso lugar, que admiramos por mantener su condición de pureza natural, la perderá, al ser atravesado por una línea claramente distinguible, que con el tiempo se irá agrandando.

El caso de los lugares más vírgenes, el consejo principal es recorrer terrenos de superficies duras y secas, como roca, arena, o pastizales secos. Es muy buena opción en invierno los terrenos con nieve, la cual desaparece al derretirse. Al transitar en grupos, es incluso recomendable no caminar en fila india, lo que acelera el proceso de desgaste de una huella. En lugares vírgenes, la caminata de una persona por una línea en particular se borrará con el proceso natural, con mayor o menor rapidez dependiendo de las características físicas del terreno.

En estas mismas situaciones, se recomienda fuertemente evitar subir cerros o colinas por terrenos demasiado inclinados, lo que apunta directamente a la degradación por el esfuerzo puesto en las suelas para evitar deslices o caídas.


¿Sonó demasiado exagerado todo lo que he indicado en este artículo?

Ediciones Anteriores
de "Vagabundo"

Los Urbanoides
Elección de Botas
Elección de Mochila
Elección de Carpa
Elección de Saco Dormir
Sin Dejar Rastros
Al Aire Libre con Niños

Si esa es tu opinión, ya no leíste hasta este párrafo y abandonaste el artículo varias líneas atrás. Entonces estos últimos párrafos y reflexiones van para quienes realmente sienten que hay un grado de degradación en nuestros senderos, y por consecuencias e nuestros entornos a los que gustamos de visitar. Eso, desde un aspecto cortoplazista es irrelevante. Pero siempre intento tener en cuenta qué le estoy heredando a mis descendientes. Me refiero a mis hijos, a tus hijos, o a todas tus personas queridas que te seguirán en el camino de la aventura y la excursión por la naturaleza. Si hay un sendero hoy en terreno blando, bastan 10 años, y quizás menos, para destruir una pequeña huella, transformándola en una explanada erosionada que pierde todo el atractivo natural del sendero original.

Adoptar la filosofía Leave No Trace (Sin Dejar Rastros) no es fácil. No es natural para el ser humano urbano. Pero es esencial para apreciar y perpetuar nuestros entornos naturales. Para que sigan existiendo en el futuro, en un planeta demasiado poblado. Para que mi hija Javiera pueda recorrer los mismos lugares en que yo me he maravillado hasta la más profunda emoción humana, y pueda vivir y experimentar la misma magia.

Ahora me voy de paseo. Hasta la próxima.

Fotos: Rodrigo Sandoval


Para Rodrigo Sandoval, la oportunidad de recorrer un lugar que mantenga las condiciones originales es un privilegio maravilloso. Tomar conciencia de la conservación de estos lugares al recorrerlos es indispensable para dejar una herencia a nuestros descendientes.

Se pueden enviar comentarios a Rodrigo usando: rsandova@riosysenderos.com



Copyright 1999 - 2005 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768