
Nuestra Relación
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El daño que podemos hacerle a un sendero es precisamente degradarlo. Ya sea por el tratamiento mismo que nuestras suelas de alta adherencia le dan al suelo, o por la degradación del terreno inmediato a los lados del sendero, que de perder parte de la vegetación, lo deja más expuesto a los efectos de las lluvias.
El resultado de esta degradación y erosión del sendero es que efectivamente pierda su estabilidad, caso peligroso en una ladera. O que simplemente se hunda y se transforme en un pasillo que finalmente perderá su transitabilidad, obligando a los excursionistas a rodear los tramos más degradados, creando nuevas huellas en un terreno de idénticas características, que a su vez tomará otro periodo en degradarse al mismo nivel de la ruta original. Si vemos al largo plazo, eso implica un nivel de maltrato al terreno de grandes proporciones, afectando indiscutiblemente a la flora y la fauna aledaña.
Una observación especial merecen los bastones para caminata. Yo los utilizo y los recomiendo claramente en senderos que involucren inclinaciones que afecten la estabilidad de la caminata. El bastón, más que un apoyo contra el cansancio, constituye un apoyo que puede evitar accidentes de diversa consideración. Está claro que en ciertos casos, caminar con dos apoyos es muy distinto a utilizar tres o cuatro. Pero el efecto que los bastones producen a los senderos es más drástico que las suelas de cualquier bota. Por lo que insisto en que se guarde el bastón o se lleve en el aire si las condiciones del terreno no requieren su utilización. La mayoría de los bastones que hoy se utilizan poseen un peso casi irrelevante, por lo que llevarlo en la mano no es molestia en un sector más bien plano. De ser posible, adosarlo al costado de la mochila es lejos la mejor opción.
¿Qué daño puede haber si nos salimos del sendero?
Salirse del sendero en áreas que son relativamente populares es un poco contraproducente. Desgastar el sendero en estas áreas es mucho mejor que desgastar el entorno. En este tipo de áreas, que constituye la gran mayoría de los lugares que visitamos (parques nacionales, reservas, etc.), los senderos existen principalmente para concentrar las pisadas de los visitantes en una huella establecida, que proteja el ambiente alrededor. En estos casos, la recomendación es clara: no salirse del sendero.
¿Cómo podemos cuidar nuestros senderos existentes?
Para comenzar, es necesario identificar las condiciones que aceleran el proceso de erosión de un sendero. En primer lugar, aquellos terrenos relativamente blandos, en especial aquellos húmedos, son muy propensos a la degradación por su uso. De ser necesario transitar por senderos de estas características, recomiendo seriamente el uso de zapatos de excursión, cuya suela tenga un perfil simple. Dicho de otra manera, evitar el uso de botas de excursión con suelas de dibujos muy marcados. La excepción es claramente aquellos senderos que necesariamente involucren una sección inclinada (en especial el caso en la bajada), en que unos zapatos de suela muy plana arriesguen la integridad propia.
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Otra consideración es evitar transitar por estos senderos justo después de una lluvia apreciable. Es muy posible que el terreno quede demasiado barroso, lo cual lo hará intransitable en cualquier caso. De darse la situación en que el efecto de la lluvia no sea tan drástico para la transitabilidad del sendero, aún queda la condición de debilidad de la tierra, la que con las pisadas se verá mucho más afectada que en condiciones de menor humedad.
Transitar en grandes grupos es un factor muy expresivo. Muchas veces, los senderos alcanzan a recuperarse de las pisadas de un viajero en días e incluso horas, volviendo a tener la solidez y estabilidad de la tierra. Pero de ser pisoteado por una tropa de paseantes en un breve periodo, la posibilidad de soltar capas, piedras, ramas, y otros objetos que lo estabilizan, es cierta, y aumenta en función de la cantidad de pisadas en ese corto periodo. No estoy implicando la vida del excursionistas solitario. Es simplemente un elemento a considerar cuando se planifica una excursión masiva. De ser el caso, es muy recomendable escoger rutas que atraviesen zonas de terrenos sólidos y duros, evitando aquellos más frágiles.
¿Cuándo no conviene seguir un sendero?
Eventualmente ocurrirá que el sendero está apenas marcado en el terreno, y la razón básica se debe a que es una zona muy poco recorrida. Podríamos considerarla una zona aún prístina. De ser así, lo ideal sería conservarla en su estado original lo más que se pueda. Si seguimos maltratando el terreno que marca la débil huella, entonces aquel maravilloso lugar, que admiramos por mantener su condición de pureza natural, la perderá, al ser atravesado por una línea claramente distinguible, que con el tiempo se irá agrandando.
El caso de los lugares más vírgenes, el consejo principal es recorrer terrenos de superficies duras y secas, como roca, arena, o pastizales secos. Es muy buena opción en invierno los terrenos con nieve, la cual desaparece al derretirse. Al transitar en grupos, es incluso recomendable no caminar en fila india, lo que acelera el proceso de desgaste de una huella. En lugares vírgenes, la caminata de una persona por una línea en particular se borrará con el proceso natural, con mayor o menor rapidez dependiendo de las características físicas del terreno.
En estas mismas situaciones, se recomienda fuertemente evitar subir cerros o colinas por terrenos demasiado inclinados, lo que apunta directamente a la degradación por el esfuerzo puesto en las suelas para evitar deslices o caídas.
¿Sonó demasiado exagerado todo lo que he indicado en este artículo?
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Si esa es tu opinión, ya no leíste hasta este párrafo y abandonaste el artículo varias líneas atrás. Entonces estos últimos párrafos y reflexiones van para quienes realmente sienten que hay un grado de degradación en nuestros senderos, y por consecuencias e nuestros entornos a los que gustamos de visitar. Eso, desde un aspecto cortoplazista es irrelevante. Pero siempre intento tener en cuenta qué le estoy heredando a mis descendientes. Me refiero a mis hijos, a tus hijos, o a todas tus personas queridas que te seguirán en el camino de la aventura y la excursión por la naturaleza. Si hay un sendero hoy en terreno blando, bastan 10 años, y quizás menos, para destruir una pequeña huella, transformándola en una explanada erosionada que pierde todo el atractivo natural del sendero original.
Adoptar la filosofía Leave No Trace (Sin Dejar Rastros) no es fácil. No es natural para el ser humano urbano. Pero es esencial para apreciar y perpetuar nuestros entornos naturales. Para que sigan existiendo en el futuro, en un planeta demasiado poblado. Para que mi hija Javiera pueda recorrer los mismos lugares en que yo me he maravillado hasta la más profunda emoción humana, y pueda vivir y experimentar la misma magia.
Ahora me voy de paseo. Hasta la próxima.
Fotos: Rodrigo Sandoval
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