
Perdido en el BosqueHace un tiempo se me ocurrió hablar de las excursiones en solitario, describiendo dichas aventuras como algo profundamente íntimo y hasta espiritual, que a mí personalmente me han dado un gran afluente de inspiración y motivación por continuar siendo un adicto a la naturaleza. En esa ocasión también mencioné los riesgos y peligros de aventurarse sin compañía en territorio despoblado, con la eventual dificultad de retornar en caso de sufrir un accidente. Hace sólo unos días me encontré con mi suscripción habitual de la National Geographic Adventure. Uno de los reportajes centrales de dicho número, titulado “Land of the Lost”, que hablaba nada menos que del tema de “Getting Lost in the Wild” - algo así como “perdiéndose en la naturaleza”. Desde un enfoque basado fuertemente en el estudio del tema y de las investigaciones que se han realizado en torno a las personas que se han perdido en algún bosque o montaña, y cómo ellos reaccionan a medida que transcurren las horas y los días. El primer concepto interesante que se relaciona con el tema de “estar perdido” es que éste es relativo. En general tenemos la ilusión de estar orientados, ya que utilizamos modelos mentales simplificados de nuestro entorno. Un ejemplo claro y descriptivo es identificar una ruta de calles por la cual usualmente pasamos. Es muy posible que en nuestra mente tengamos dibujada una figura geométrica que representa el recorrido. Digamos una “L”, que va desde nuestra casa a la estación de servicio más cercana. Es posible que en la realidad geométrica, la figura realmente no tenga un ángulo recto ni que los tramos principales sean rectas. Es posible que se traten de dos curvas con un vértice marcado, pero en nuestro modelo mental, el recorrido se simplifica. Otro ejemplo es cuando queremos buscar un libro en nuestra biblioteca personal. Andamos buscando el ejemplar de el primer libro de “El Señor de Los Anillos”, y lo recordamos como un libro de lomo blanco, con letras pequeñas negras. Nuestra búsqueda visual se centra en identificar ese patrón visual entre todos los que tenemos, hasta encontrarlo. Pero si resulta que el libro en realidad es de lomo amarillo con letras azules, es posible que lo pasemos de largo, aunque el título esté frente a nuestros ojos. La clásica frase “pero estaba en frente de mis narices”, se basa en que adaptamos nuestro modelo mental a lo que esperamos, obviando la realidad hasta cierto punto. Es precisamente este concepto el que inicialmente provoca que los excursionistas se pierdan en la espesura de un bosque, o donde las referencias visuales sean menores y posiblemente no existan.
Luego de que nuestro modelo mental del terreno que queremos recorrer está armado, al ir avanzando y nuestras referencias visuales no concuerdan con lo que vemos en la cartografía, comienza lo que se conoce como “doblar el mapa”, bajo la idea de que intentamos hacer calzar la gráfica en papel con lo que vemos, aunque se trate de dos lugares distintos. Es evidentemente un punto clave aquel en que comenzamos este proceso mental, ya que al continuar siguiendo nuestra idea del camino correcto, definitivamente estaremos expuestos a desviarnos radicalmente de la ruta definida originalmente, llegando a extraviarnos seriamente. En la medida que viajamos acompañados, la posibilidad de perdernos disminuye en la medida en que más personas puedan discutir y analizar la ruta que hay que seguir. No siempre todos tienen el mismo mapa mental y en la medida en que el diálogo ordenado se produzca, se logrará eventualmente determinar el camino correcto. Cuando un excursionista se aventura por su cuenta, ya sea porque inició y planeó su aventura en solitario, o bien, porque al ir en grupo y rezagarse o adelantarse, se separó drásticamente del resto de las personas, la posibilidad de que esta desorientación y posterior contraste con el mapa mental existan, será mayor. Las Etapas del ExtravíoUna vez que la persona se ha perdido, los estudios han concluido que se presentan cinco etapas claramente marcadas en la persona, sin importar el nivel de preparación o experiencia que ésta tenga. Estas etapas comienzan al momento en que la persona efectivamente extravió la ruta planeada. La primera etapa consiste en negar que se está desorientado. En la medida en que la persona comienza a detectar señales de que algo no calza, se resiste a entender que la ruta no es la correcta y se esfuerza aún más, presionándose a encontrar una señal que confirme que está no se ha extraviado. La segunda etapa comienza en el momento en que la persona es capaz de admitir que se ha extraviado y entra en pánico y angustia. Tomar conciencia de que se está en problemas, y de que nuestra vida puede estar en juego es un shock fuerte para cualquier persona y las reacciones de cada uno dependen de su propia personalidad y no necesariamente de la preparación o capacidad física que se tenga. La tercera etapa se caracteriza por lograr la calma e intentar formar una estrategia para salir del problema. Esta estrategia puede ser deshacer los pasos y volver al último punto donde se tiene certeza de que se estaba en la ruta correcta. También puede intentarse tomar un atajo transversal que en nuestra imagen mental nos permita retomar la ruta planeada. Está claro que la primera estrategia, aunque hay más, pareciera ser la más indicada, ya que la segunda implica el riesgo de que este atajo no sea factible o no sea realmente el que nos llevará a la ruta planeada. Aún así, es posible que al deshacer los pasos, el recorrido en reversa no sea preciso y se vuelva a tener una desorientación y se produzca un extravío adicional. En algunos casos, se logrará encontrar la ruta original y el problema podrá estar parcialmente solucionado (aún falta salir y llegar a destino o al origen). La cuarta etapa consiste en la degradación física y mental, producida cuando la estrategia no da resultados positivos. El hecho de hacer un esfuerzo, gastar tiempo de luz de día, energía, provisiones, recursos, y no lograr la meta, provoca un nuevo estado de angustia que rápidamente se puede sumar al cansancio físico por el esfuerzo invertido, además de la creciente desorientación que se experimenta. Este deterioro puede provocar que la persona cometa errores (como resbalar en sendero empinado, o tropezar), lo que puede significar accidentes y lesiones que lo pueden limitar o incluso imposibilitar de seguir avanzando y por ende impedir hacer algo por solucionar su problema de extravío. Finalmente, la quinta etapa marca una resignación casi pasiva en la medida de que las opciones se van acabando. Al haber agotado las posibles direcciones en que se puede encontrar la ruta o que se han agotado las provisiones, las posibilidades de salir del problema disminuyen considerablemente y es la persona la que se da cuenta de esta condición, llegando al punto de resignación. Estas etapas pueden seguir una secuencia distinta e incluso repetirse en distintos momentos, pero de acuerdo a los estudios, se dan en cada caso de extravío en menor o mayor grado y con mayor o menor duración en cada caso. Enfrentando el ExtravíoLas personas que logran superar esta situación, son quienes son capaces de atender las prioridades adecuadas en el momento adecuado, siempre con la vista puesta en salir vivo del problema. De acuerdo a las técnicas de supervivencia desarrolladas en el tiempo, se tienen 6 aspectos que considerar al momento de detectar que se está extraviado o en problemas.
Siguiendo adelante con estas prioridades, otros estudios han detectado que entre las personas con mayor posibilidad de supervivencia, los niños entre los 3 y 7 años ofrecen una de las tasas más altas. No así, los niños de 7 a 12 años, quienes presentan una capacidad muy baja de supervivencia ante situaciones como la de extravío. Sucede que los niños pequeños aún no mantienen modelos mentales complejos, que son los que de alguna manera nos desvían del camino al éxito, tanto en la ruta de excursión, como en el proceso de supervivencia. Los niños pequeños obedecen de mejor manera a sus instintos y sensaciones como la angustia o la desesperación son más lejanos en la medida en que no son capaces de entender la gravedad del problema. Cuando tienen sueño, se detienen y descansan, cuando tienen sed, buscan agua. Cuando tienen frío, se acurrucan en un arbusto o en hueco en un árbol. Todas estas medidas logran que el cuerpo sea atendido en las necesidades inmediatas que lo afectan, permitiendo así una mayor duración ante las complejas circunstancias Las historias que reflejan estas condiciones y cómo las estrategias basadas en estas prioridades son las que logran mayor éxito en la recuperación de los extraviados, son innumerables. En primer lugar, queda claro que una clara preparación en cuanto a los temas de orientación es la mejor estrategia par evitarse extraviarse. El uso de los GPS que hoy están disponibles a la gran mayoría de los excursionistas, el conocer la ruta y contar con un mapa claro y detallado, dar a conocer el itinerario estimado a quienes puedan tomar medidas en caso que éste no se cumpla, contar con los elementos básicos necesarios para sobrevivir. En mi caso, luego de que mi afición por las excursiones en solitario aumentó, decidí llevar conmigo los elementos requeridos sin importar mi plan de ruta. En el caso de excursiones de varios días, el itinerario claramente marcada, mi GPS, un mapa de la ruta, y accesorios para hacer señales (un espejo, un pito, una brújula, por si el GPS falla). Otro elemento importante es que en algunas ocasiones, los extraviados sólo pretendían una excursión por el día y no llevaron consigo el equipamiento adecuado para pasar la noche. A veces, un desvío de una hora es suficiente para producir un estado de desorientación tal que no se puede volver al origen que sólo está unas tres horas atrás. Hace un tiempo supe de uno excursionistas que se vieron envueltos en este dilema, no por desconocer la ruta, sino por una neblina sorpresiva y sumamente densa, que hizo que no fuesen capaces de ver más allá de 2 metros. Esto provocó que se perdieran rápidamente, aunque el sendero llevaba a la cumbre de un cerro cercano a una gran urbe. El mal tiempo puede jugar una mala pasada y todos los años son varios los excursionistas que no son capaces de volver por las condiciones climáticas. Por esta razón, áun cuando me preparo una excursión por el día en los senderos más habituales para mí, llevo conmigo mi propio "kit de supervivencia". En un mínimo espacio, que no ocupa ni la mitad del pequeño banano dorsal que llevo conmigo, incluyo lo siguiente:
Más que nada, el mejor apoyo es tomar las medidas para no perdernos. Estudiar el mapa. Llevar una brújula o un GPS, con baterías de repuesto. Ir acompañado. Indicar a las autoridades correspondientes o familiares/amigos nuestro itinerario presupuestado. Espero con este resumen, no haber coartado la inspiración de nadie a salir de aventura. Sólo se trata de hacerlo bajo un contexto de seguridad, de modo que lleguemos de vuelta a casa con muchos buenos recuerdos. Suerte y que sea buena aventura. |
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