De cómo los Arroyos
cercanos a Santiago mueren
C orre el minutero de mi reloj
indicando que sólo hace instantes descendí en vuelo a la locura. Destellos del
nauseabundo smog capitalino que desde de mi ventana asoma imponente y vasto, anuncian
rimbombantes la llegada a Santiago. Bocinazos y gritos, e histeria conductiva de auto en
auto. De micro en micro. De micros en autos y viceversa. Insolente acelerar del taxista y
una brusca frenada para anunciar el peaje. Si Señor. Aquí todo se cobra y se paga. Y las
curvas de una nueva autopista que maloliente y cubierta de desperdicios nos lleva al edén
capitalino. Al barrio alto. El bajo no existe o debe cegarse. Vistas de fiordos y
cordillera son aquí hormigón y bruma. Construcciones marginales y pobreza. De la buena.
Asoma un cementerio. Aceras de polvo y hormigón reemplazan senderos que cortan sobre la
hojarasca el bosque. Azul y verde aquí cambian por negro y gris. Por hormigas que
vestidas de punta en blanco y corbata vagan a diestra y siniestra. Describiendo círculos
y elipses helicoidales. Me acerco a la jungla gris del jaguar en desarrollo. Busco jirafas
y elefantes.
En mi jaula del zoológico y suena el teléfono y largas invitaciones.
Y se inicia mi verborrea a la locura. Cuentos e historias. Preguntas y respuestas.
Noticias y rumores. Dineros y cuentas. Horarios y deberes. Y el trabajo sobre la silla.
Bajo la luz amarilla que curiosamente se raciona y la irrespirable atmósfera que me
circunda. Y aparece un anuncio del negro aparato que me quita la concentración. Pesca con
mosca en la cercanía. Pirque y El Clarillo. Claro. Cercano a una hora de rodar sobre
terreno con alfombra de polvo y hormigón. Y congestión de animales de punta en blanco
con disfraces domingueros que movilizados en tanques y acorazados funden trópico y una
América caribeña y chabacana con su vestir y comportar. Cultura huachaca según Huneeus.
De la basura, el grito y el venerar el respeto a la mierda. De agresión y consumismo. De
ignorancia y poder. Sólo arrancar a primera hora salva de la turba. Es un todo terreno y
uno que navega con los punta en blanco sin tolerarlos. Que confiesa es el precio que paga
por lo bueno de la acrópolis. Medito. Buen amigo este.
¿El cliente ya no tiene la razón? O tengo el cambio exacto o no
compro. El desayuno en la bencinera se hace entonces escuálido. Se me atraganta el jugo
de naranja. El todo terreno salta y ruge en japonés. Cerco de cadenas y candado. Cerrado.
¿Robarán pienso? ¿Árboles, tierra de hojas, agua? Inicio de la Reserva Nacional Río
Clarillo. Entrada curiosa y de alto precio. Trayecto pobre y desgarrado, sucio por
ignorancia. Escombros y puchos de cubierta vegetal. La hermosura del jaguar y su jungla.
Otra vez el problema del cambio. Es que se debe portar cambio. ¡Cómo no!
E n un dos por tres calzamos
los disfraces. Waders y zapatos. Cañas y carretes. Leaders, tippets y... ¿qué mosca?
Bajada al río pavimentada en tierra por miles de pisadas. Piscinas artificiales con
piedrecitas y bolones movidos por paseadores domingueros. Que grato tocar el curso claro y
cristalino. No hay voces. Y las hacemos río arriba. Se nota maltratado por los
domingueros y los semana completa. "Salen hartas iñor. Y son re güenas a la
parilla o a la sartén. Hasta las chicas", atropella el cuidador que gusanea a la
caza de alguna incauta arcoiris. Y montamos rocas río arriba. Hay que aventajarlo.
Ganarle el pozón siguiente antes que lo cancele. Saludos y recuerdos impregnados con
hermosa pintura en la roca que me recuerdan a Dalí. Arte y poesía al aire libre. Latas y
vidrios. Escombros en el lecho del estero pavimentan la subida. La hacen fácil y
ordinaria. Trivial. Recuerdan que nos encontramos en la jungla del jaguar.
Un Zorro Chilla brinca de piedra en piedra y desaparece entre los
quillayes. Vive en el río. Puebla el recorrido del arte de huachacas y puntas en blanco.
De su cultura. O escapa de ella. Maltrato. Arcoiris y marrones de pequeña talla toman
secas y alguna ninfa. La pesca es pobre. Hermosas vistas en pozones profundos. Ejemplares
activos y cautelosos de zorros. Acostumbrados a quienes decoran su sistema. Soy un intruso
aquí. Un lunar. Cáncer. ¿Qué hago? Contemplo. Medito y guardo mi parafernalia
pescadora. Un litre tallado anuncia enamorados aquí. Lindo recuerdo.
De vuelta en la carretera. Rodrigo conduce y malabarea en el plato
italiano. Rojas y verdes. No virar izquierda. Pares y Ceda el Paso. Luminarias y
supermercados. Es mediodía y la familia en sus corceles y carrozas motorizadas se empujan
de ruta en ruta. Ruido y congestión. Aire gris. Cultura huachaca y de punta en blanco.
Que parecen no saberse de una y de otra. Miro mi equipo de pesca. ¿Vengo de otro planeta?
Estoy en otro planeta. El que nunca debió llegar a consolidarse ni
nacer. Pesadillas en el dormir. Despierto. Añoro lagos y ríos libres de contaminación.
Bosques verdes y puros sobre la anaranjada hojarasca. Cordilleras blancas. Un cielo azul y
diáfano. Lluvia cristalina. No ácida. Ya estaré de regreso. Me esperan mis truchas...
E l Clarillo extiende la
magia de Santiago al aire libre. No volveré. |