
Un Guía InvernalUna de las cosas que echo de menos de mi estadía en Norteamérica es la posibilidad de visitar y pescar un hermoso río en invierno. En Chile siempre es posible visitar varios hermosos lugares, pero no con caña. No es que el hecho de pescar sea imperativo, pero le da un toque especial a la visita. Es la posibilidad de conocer cómo funcionan los peces en los meses fríos. Hay enormes diferencias y muchas veces la pesca se vuelve más técnica, ya que estos activos peces en verano, experimentan un estado de letargo prolongado, mientras el agua de su curso baja varios grados la temperatura. A veces la temperatura baja del punto de congelación, pero el agua sostiene el estado líquido sólo por mantenerse en movimiento. Cuando viví en Montana, muchas veces visité el Gallatin River. Es un río no muy grande, pero muy hermoso. Muchos remansos y pequeños rápidos forman su estructura. Esto, adornado con algunos árboles y arbustos verdes en época de primavera y verano. Curiosamente nunca lo visité en invierno. No fue sino hasta mediados de los ochenta en que aprovechando un viaje corto a la zona, fui invitado por un viejo amigo, Hugh Edwards, a pescar este río. Estabamos nada menos que en marzo, pleno invierno aún en Montana. La verdad es que él había estado mucho tiempo viviendo fuera también, por lo que llegado el momento barajamos la alternativa de contratar un guía para pescar nuestro tan conocido río, pero con características de invierno. Hugh fue el encargado de hacer los contactos, de modo de tener todo listo y programado para cuando nos juntásemos en Bozeman. El día de la reunión fue maravilloso. Mi querido amigo, a quien no veía personalmente en 10 años, estaba frente a mí. Son esos mágicos momentos en que me sentí joven de nuevo, recordando aquella época, hace cerca de 30 años, en que recorrimos parte de esta región siendo unos aventureros energéticos. Pasamos muchas horas recordando viejos tiempos, aunque habíamos mantenido bastante contacto desde que yo viajé a Chile. Al día siguiente, nos levantamos temprano. Nos juntamos en un café a la salida de la ciudad. Hugh, aún conservaba su camioneta que tantas aventuras había presenciado. Eran las 7AM y nos dirigimos al punto de reunión con nuestro guía. Todo se sentía especial. Habían pasado diez años desde que me había ido, y aunque algunas cosas habían cambiado en la ciudad, el resto de la tierra seguía siendo la misma. Ese aire que es imposible de borrar de mi mente. Ese viento, y en especial, el maravilloso cielo de Montana. Poco más tarde estabamos estacionándonos junto a otra camioneta, que supusimos era de nuestro guía. Apenas me bajé del auto pude ver una joven mujer salir de la otra camioneta y acercársenos. Sin titubear, se presentó como Carol, nuestra guía para el Río Gallatin. ¿Una mujer? Así es. Fue grande mi sorpresa, pero no por un asunto de machismo, que aprendí a manejar cuando mi hija creció, sino por la sorpresa. Nunca había visto a una guía femenina y la idea me parecía extraña, pero quizás desafiante, pensando en que ella sería una excelente conocedora del río, según nos contó en pocos minutos. El soleado día, destacando el brillante tono de la nieve que cubría los bancos del río, así como ese oscuro color del Gallatin, invitaba insistentemente a iniciar la jornada. Así fue como nos vestimos con unos gruesos waders de neoprén, y varias capas en el cuerpo. Un café que nos ofreció Carol fueron suficientes para detonar el pescador que siempre ha vivido dentro de mí. ¿Cómo enfrentaríamos la pesca del río? Tenía mucha noción de lo que se necesitaría por comparación con otros ríos de la zona que habíamos pescado antes. Estas sospechas fueron confirmadas por Carol, al indicarnos que en esta época del año lo que más abunda, sin ser en grandes cantidades, son las midges. Nada me atrae más que pescar con patrones tan pequeños y equipo tan delicado. Una rápida mirada de mi caja de moscas, de las que uso en Chile, permitió encontrar algunos Bloodworm que a veces uso en los spring creeks de la Patagonia. Carol los revisó visualmente y los aprobó de inmediato. El leader no tenía que ser tan largo, ya que la visión de los peces está más limitada en esta época del año, y el río no es profundo. De todos modos, 6x debía ser lo más grueso que usaríamos. Carol inmediatamente nos organizó en el sector de entrada al río. Hugh fue despachado a la boca del rápido, mientras que yo me quedé en el final de éste. Evidentemente, no existía ningún tipo de acción en la superficie. Comencé lanzando, mientras ella acudió a donde estaba mi amigo para aconsejarlo a enfrentar su sector. Pasaron varios minutos. Estuve cambiando la posición y el ángulo en que derivaba mi imitación. Intenté lograr mayor profundidad y nada pasaba. No es de extrañarse, pero confieso que la sensación que vivía era de algo de frustración. Era casi como el pescador que fui de niño. Tanto tiempo me llevó desarrollar la poderosa paciencia que mis parientes adultos demostraban. Pasaban los minutos. Pasaban más minutos. Casi terminó la hora mientras yo seguí pescando el trecho en que comencé. Hugh y Carol volvieron a donde yo estaba a contarme que mi amigo ya tenía una linda Cutthroat a su haber. Sonreí sólo con la mitad derecha de la cara la que estaba más cerca de ellos. Decidimos avanzar curso arriba. La caminata por la nieve me relajó y todo volvió a ser maravilloso. El día estaba increíble, y se sentía es aire puro y animador del invierno de Montana. Carol se me acercó y me dijo que pescaríamos un remanso que estaba muy cerca. Lo recordé. En el pasado había logrado capturar excelentes ejemplares de cutthroat y arcoiris en ese sector. Al llegar a él, la forma era la misma, pero el río en invierno es otra cosa muy distinta. Ella me indicó cómo se posicionan las truchas en esta época y cómo debía trabajar la mosca. Dicho todo eso, se ubicó a mi izquierda y me observó enfrentar el remanso. Lancé con mucho cuidado y delicadeza. Mi Bloodworm casi no dejaba huella en la superficie al entrar al agua. Pasaron varios lanzamiento sin nada, hasta que al parecer hice uno extremadamente preciso, porque ella agregó un "That´s right!". Cinco segundos de derive y la punta de la línea se frenó en seco. No sé si fue el frío o la falta de esperanza, pero no reaccioné sino hasta 5 seg. demasiado tarde. "Oh, missed it!" me dijo. Eso fue suficiente para darme cuenta que había estado concentrado en estupideces y que parecía haber perdido la visión de la verdadera importancia de la aventura de pesca. Carol, al parecer sabía de qué se trataba y me sonrió con varias palabras de aliento que realmente me subieron el ánimo. El siguiente lanzamiento lo sentí más suelto. Más disfrutado. Carol lo notó y me lo hizo saber. Cambió mi sensación del entorno, del día, hasta del río. Creo fuertemente que un río es un "ser" muy sensible y emocional y se da cuenta cuando algún visitante anda de mal carácter. Apenas cambió mi posición, el río pareció cobrar vida, porque logré ver al menos tres truchas que intentaron asirse de mi imitación, sin éxito. La cuarta fue la vencida y mi caña finalmente se dobló. Carol, se ofreció a sacarme la foto, pero decidí que iba a guardar ese momento en mi memoria, para mantener la magia que se sentía. Pensé que a esa edad ya no es mucho lo que se puede aprender, pero afortunadamente, el aprendizaje no termina nunca. Mi guía del Gallatin me ayudó a entenderlo. A veces, la pesca depende muy poco de la suerte, pero mucho de la actitud. No es un trabajo, no es una obligación. Es un privilegio poder disfrutar de una jornada, donde todo será maravilloso, sin importar lo que pase. Carol ha sido la única guía femenina que me ha tocado, pero sueño con el día en que me toque otra mujer, con su característica delicadeza y sensibilidad, como guía en un río chileno. |
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