Dos Maravillosos Parques Americanos
Creación de la Especie Dominante
Creo que a todo amante de la naturaleza le resulta emocionante visitar un lugar que
conserva las mismas características biológicas que se podían observar siglos antes.
Cada zona de este planeta tiene sus características propias y eso las hace especiales.
Pero es claro que el avance de la civilización en el último siglo ha afectado
profundamente las condiciones de estas áreas naturales.
A pesar de eso, como sociedad de humanos hemos dado algunos sabios pasos para perpetuar
algunas de estas áreas para generaciones futuras. Tal es el caso de la creación de los
Parques Nacionales. De ser bien definido y administrado, un parque nacional, puede
albergar un completo y fantástico ecosistema que puede en muchos casos representar la
presencia de la naturaleza original en un lugar particular.
De los parques que he podido conocer, quiero destacar dos en particular. A pesar de
estar ubicados a miles de kilómetros de distancia, ambos parques constituyen una
expresión poderosísima del encanto de la naturaleza. El primero es el que se considera
como el primer parque nacional de America y uno de los más famosos. El segundo, es quizá
la muestra más impactante de combinación geológica, donde flora y fauna han aprendido a
convivir con los elementos.
El Parque Nacional Yellowstone, en el noroeste de EE.UU. es una zona privilegiada con
vida animal. Es posiblemente el aspecto más destacado, sin despreciar las impactantes
caídas de agua del valle del Río Yellowstone o las impresionantes fuentes de agua
caliente conocidas como geysers. Su diversidad de fauna nativa de Norteamérica han
atraído a cientos de miles de visitantes desde su creación en 1872. Varias especies de
ciervos, como los abundantes Elk, o los simpáticos Mule Deer, los Antelopes, los
característicos bisontes, acompañados de osos negros y grizzlies, y los recientemente
reintroducidos lobos, son de las especies más famosas y fotografiadas dentro del parque.

La flora de Yellowstone no es menos impactante. Muchos arbustos, flores silvestres, y
árboles son un adorno maravilloso para cualquier escenario natural. En los árboles se
destacan ciertas especies que le dan un aspecto particular al parque: los Douglas Fir, los
Spruce Fir, los Lodgepole Pines, y los maravillosos Aspen.
La geología del parque se centra en la dinámica actividad de los cautivantes geysers
que adornan el sector suroeste. El más famoso de ellos, el Old Faithful, es considerado
una de las atracciones principales de Yellowstone, habíendose determinado a través de
los años su secuencia de erupciones hasta con 5 minutos de precisión. Las terrazas
construidas por la emanación de aguas minerales en las Termas de Mammoth, en la entrada
norte del parque impresionan al visitante. El valle del Río Yellowstone que corre hacia
el norte desde el lago del mismo nombre muestra el impactante efecto de la oradación de
la tierra y la roca a través de miles de años. El punto destacado de este valle se da en
la zona de las caídas de agua, distinguiéndose la cascada inferior y la superior.
Los cuerpos de agua son protagonistas especiales en este parque. El lago y río
Yellowstone marcan la pauta por el este del parque. Al norte, el valle del Río Lamar con
sus afluentes, entre ellos el Slough Creek, destaca entre el paisaje de pradera. Por el
oeste, el Firehole, el Gibbon y el Madison demarcan la huella de vida. Al sur, los lagos
Shoshone, Lewis y Heart son verdaderos puntos azules entre un paisaje verde-amarillo.
Fluyendo desde ellos, las aguas avanzan por los cauces del Río Lewis, apoyado por el
flujo del famoso Río Snake.
Son verdaderas multitudes las que visitan este parque año a año. Aún con esta carga
de visitantes, Yellowstone mantiene su esencia intacta. Ni los incendios del 1988 han
logrado opacar la belleza natural de este rincón protegido de nuestro planeta.
Al otro lado del mundo, en el mismo continente, yace un parque que se identifica
fuertemente con el término "impactante". En plena Patagonia Chilena, el Parque
Nacional Torres del Paine es uno de los más grandes del hemisferio sur y posiblemente el
más famoso de este sector del planeta. Declarado reserva de la biosfera, hoy es un
reflejo expresivo de las características de la naturaleza en este lejano y austral lugar.
Los elementos dominan y reinan en estos parajes. El viento patagónico, la lluvia, el sol,
son simples manifestaciones de poder del clima.

La naturaleza se explaya profundamente a través de fauna, flora y geología. Entrando
al parque, el Lago Sarmiento marca el paisaje con su azul profundo. Varias manadas de
guanacos hacen las veces de comité de bienvenida. Estos camélidos nativos de esta parte
del mundo, se han reproducido con gran éxito en el parque. Conviviente de estos
cuadrúpedos, nuestra avestruz - el ñandú - es hoy en día un ícono destacado del
Paine. Junto a otras especies de aves, como las bandurrias y los caiquenes, y sus
acechadores, los zorros, conforman la fauna más característica.
Avanzando por el camino aparece antes los ojos del visitante el impactante macizo
rocoso del Paine. Como pilares frontales, los Cuernos del Paine constituyen seguramente la
cara del parque a la fama mundial. El impactante color esmeralda del lago Nordenskjöld,
el Pehoé y el Río Paine, con su salto grande y salto chico, contrastan con el cielo y el
granito oradado por el trabajo de glaciares milenarios. Las Torres del Paine se destacan
desde el este del parque. Los glaciares Grey, Pingo, Dickson están entre los blancos
protagonistas del Paine por el lado norte, hacia campo de hielo sur, así como los bosques
de Nothofagus - lengas, ñirres, y coigües - que constituyen las verdes ornamentas en la
región.
Muchos extranjeros se cuentan entre los visitantes del parque, a veces superando en
grandes números a los chilenos. Aún así, Torres del Paine se ha transformado en un
santuario para la observación de fauna autóctona, así como de los deportes aventura
como el montañismo en el macizo central, el rafting en las aguas del Grey y del Serrano,
la pesca en las mismas aguas del Serrano, y el excursionismo en gran parte de la
extensión de este paraíso austral.
¿Cuál es la enseñanza detrás de este corto ensayo? Mucho hemos escuchado de cómo
hemos destruido, como humanidad, nuestros entornos naturales buscando satisfacer
necesidades de corto plazo. No siempre se destaca los esfuerzos ya realizados por
preservar área de destacadas características naturales. Yellowstone y Torres del Paine
son dos ejemplos puntuales. Hay otros varios. Pese a no ser suficientes, es un primer paso
que espero, como habitantes de este planeta, lleguemos a multiplicar. Numerosos proyectos
de explotación de recursos naturales amenazan con destruir el sueño de preservar más
espacios como los mencionados.
¿Somos realmente dueños de esa tierra? Creo que uno de los conceptos más fuertes de
la existencia de parques como aquellos es el concepto de "bienvenido cualquier ser
humano". No hay necesidad de establecer dueños del terreno, aunque por razones
prácticas, alguien tiene que administrar el acceso, así como la mantención de dichos
lugares y es la razón válida de cobrar entrada.
Nuestros antepasados conocieron esas tierras y las compartían con sus congéneres y
muchos otros seres. No existía la necesidad de proteger esos lugares. Por definición
estaban ahí para todos. Es en nuestra civilización actual que se creó el concepto de
áreas protegidas. Interpretable como "esta área está protegida de la acción
evidente de destrucción por parte de cualquier ser humano". Insisto, como especie
animal, no somos dueños de la tierra. Debemos, en todo caso, reconocer que somos la
especie dominante y poblamos casi todas las regiones de este planeta. Entonces, debemos
ser capaces de usar ese potencial para permitir que nuestra tierra, nuestro planeta,
sobreviva a nuestra presencia.
Queda planteada la pregunta
¿Lograremos evolucionar de especie dominante a especie líder y protectora? ... tú dime
...
Fotos de Yellowstone: Rodrigo Sandoval U.
Fotos de Torres del Paine: Verónica Sandoval U. y Nicolás Varela P. |