Voces de la Corriente - Andre Saint-Valle

Lugares Especiales

El tema mencionado en una editorial anterior, que se refiere a la no divulgación de ciertos lugares manteniéndolos en secreto, es muy explícito y preciso en cuanto a la realidad que desgraciadamente vivimos. En mi caso particular, en que llevo muchos años recorriendo la naturaleza en distintos lugares, he podido ver, no sin gran angustia, como algunos lugares que consideré como muy especiales en mis años de juventud, se han degradado profundamente a medida que la desmedida actitud de la creciente masa de visitantes lo ataca constantemente. Hay lugares más resistentes que otros, pero ningún río o lago o bosque es omnipotente ante la masa humana inconsciente de su entorno.

Cuando llegué en los años 50 a vivir a British Columbia, en el oeste de Canadá, me encontré a mis escasos 14 años con un entorno que mostraba claramente indicios incipientes de uso. Me refiero a que pude recorrer junto a mi padre muchos de los lugares que en ese entonces se consideraban "vírgenes" y que hoy ya no lo son tanto. Luego, me mudé a Montana, donde el paisaje cambió radicalmente, así como el concepto de "lugar intacto". Ya no los había, pero muchos de ellos mantenían una excelente calidad en las aguas, así como en la flora y fauna. Descubrí que aquellos habitantes habían aprendido en base a errores pasados, a conservar los entornos. Buena lección, pero cara.

Luego, me vine a Chile. Llegué hace unos 25 años, más o menos. Me encontré con un ambiente similar al que pude conocer en Canadá tiempo antes. Pude observar que el nivel de utilización de la tierra, en especial en la Patagonia Occidental, era bajo aún. En cuanto a los cursos de agua, mis amigos pescadores hablaban de lugares mágicos, a corta distancia de ciudades tan grandes como Santiago, que ofrecían jornadas de muchos peces, todos grandes. En aquellas aventuras rara vez me topé con otro pescador y para que hablar de otro mosquero.

Sin embargo, ya en aquellos años pude ver que muchas de las personas daban por sentado algunas afirmaciones. Era una mentalidad basada en que los recursos eran infinitos, y además autorrenovables muy rápidamente, por lo que a la siguiente visita todo estaría intacto, como si cada uno nunca hubiese pasado por ahí.

Con varios de mis amigos, con quienes compartimos en aquel entonces un ánimo explorador a toda prueba, emprendimos expediciones que en nada envidian a algunas organizadas hoy en día con mayores y mejores recursos. De esa manera logré conocer gran parte de esta tierra chilena, mucho antes que gran parte de los mismos chilenos. Mantener esta costumbre por años, agregando mi labor en el ámbito forestal, me permitió viajar a destinos remotos, lo que finalmente culminó en la experiencia de conocer muchos, innumerables lugares sumamente especiales.

Con el tiempo, nuestras aventuras se fueron haciendo conocidas más allá de nuestro círculo de amigos inmediatos. Aquella época coincidió en un boom de la pesca "deportiva", en que muchos clubes de caza y pesca se formaron en diversas localidades, principalmente en ciudades grandes. De esa manera, cualquier "dato" que indicara un lugar especial y poco conocido, era rápidamente difundido entre varios grupos de personas.

Conceptualmente me parece extraordinario que se den a conocer lugares de expresiva belleza, en especial para los habitantes de esta tierra y que tienen un derecho por excelencia de visitarlos. Pero en mi visión, aquellas ubicaciones geográficas no pueden ser divulgadas sin una certeza de que las condiciones de aquellos lugares se mantendrán en el tiempo. En otras palabras, si sabemos que un lugar es tan hermoso y maravilloso que queremos compartirlo con nuestros contemporáneos, entonces debemos considerar que nuestros descendientes, y los de ellos, también tendrán aquel especial privilegio.

Hasta ahora no he dicho nada nuevo. Ya no es un secreto ni una sorpresa la idea de que todos aquellos lugares que se mantuvieron intactos por varios siglos, en cortas dos décadas de excesivas visitas abusivas han sufrido daños irreparables. La basura, la deforestación, la exterminación de fauna nativa. Muchos otros problemas, que aún no han sido detectados, pero ya lo serán.

Entonces, vuelvo a tomar el tema de la editorial anterior. Es en el caso de aquellos de nosotros, que hemos visto aquel proceso de degradación, que se han tomado medidas a veces consideradas como egoístas, que buscan como único objetivo mantener algunos de aquellos lugares en su estado más natural - dentro de lo posible - al evitar que torpes visitantes inconscientemente deshagan lo que la naturaleza ha querido guardar por tantos años.

¿Quién soy yo para decir que otros no se merecen el derecho de visitar lugares en su propia tierra? Posiblemente no soy el más adecuado. Mi única defensa es mi calidad de testigo presencial de aquella degradación de los lugares que tanto me maravillaron al conocer este hermoso país. Yo quisiera poder darles a todas las personas la oportunidad de ver con mis ojos, aquel proceso de muerte que he podido ver en estos años.

Es tan simple describirlo, pero tan difícil compartir la angustia y la sensación. Sin ir más lejos recuerdo el impresionante tamaño y maravilloso color de las saludables Salmo fario que salían en las aguas de un embalse artificial ubicado a escasas dos horas en vehículo del centro de Santiago. También recuerdo un hermoso y delicado río pequeño, afluente de uno de los grandes ríos que cruza la cuenca de la Región Metropolitana, cuyo cauce es hoy utilizado prácticamente como un vertedero artesanal. Como algunos de los importantes ríos de la Región de la Araucanía, que hoy apenas albergan poblaciones inestables de truchas que son sólo la sombra de sus antecesores de algunas generaciones atrás. De ríos y lagos cuyas orillas eran adornadas por majestuosos bosques nativos, que fueron arrancados para utilizar la tierra con otros objetivos, dañando y erosionando para siempre el equilibrio de aquel curso y su entorno.

¿Qué podemos hacer al respecto? Primero, rezar por que lo que ya fue dañado logre recuperarse en algún futuro incierto, para que al menos algunos de nuestros descendientes puedan sentir la misma magia que algunos de nosotros pudimos experimentar. En segundo lugar, educar a nuestro vecino. Si tú sabes cómo aprovechar una jornada de pesca sin impactar el ambiente, seguramente hablas de Catch & Release y de otras prácticas de conservacionismo. Si es tu caso, comparte tus conocimientos con tu compañero. Cuéntale en tu propia experiencia lo que significa positivamente conservar el entorno.

Partamos de la base de que las actividades outdoor se están volviendo cada vez más populares. De moda. Eso trae dos caras para una moneda. Por un lado sabemos que cada vez hay más personas visitando los parques nacionales, subiendo los mismos cerros, pescando en los mismos ríos y lagos. En este tiempo no han aumentado la cantidad de ríos, ni de lagos, ni de cerros, ni de bosques. Entonces ese grupo en aumento deberá saber cómo convivir con los demás en aquellos lugares. Hace algunas ediciones compartí con Uds., lo que considero son algunas técnicas y costumbres que permitirían que los pescadores puedan convivir en un ambiente más sobrepoblado. Lo llamé "el Código del Pescador".

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Simultáneamente, con esta moda, se ha vuelto - afortunadamente - más popular el espíritu conservacionista. Cualquiera que hoy pretenda una excursión y no tenga una mínima noción de "no tocar a los animales", de "no arrancar plantas ni árboles", etc. entonces es considerado "mala clase" por sus pares. Eso es bueno, pero el remedio no es descalificar a una persona, sino que educarla. Vuelvo a insistir, si tú sabes algo que sabes que puede ayudar a tu compañero, entonces debes compartir aquel conocimiento.

Volvamos al tema de los lugares especiales. Es posible que tú conozcas algunos de ellos. Te ha cautivado su magia propia y seguramente parte de esa magia se basa en tu experiencia de haberlo conocido sin toparte con otra persona. Al menos sin muchedumbres. Algunos de aquellos lugares, estoy seguro, se merecen permanecer en esas condiciones. Guardarlos en secreto no necesariamente es egoísta, porque finalmente algún día alguna otra persona lo descubrirá al igual que tú lo hiciste. Quizá para entonces tú no estarás presente en este plano para poder opinar. Quizá ese alguien será alguno de tus descendientes, o el de alguien que quieres. O alguien que definitivamente sabe que descubrió algo de magia y ojalá sepa guardar en secreto el truco. Mientras tanto, esperemos que aquellos lugares especiales, que dejaron de ser secreto, logren resistir una presión creciente y que a la vez aquellos visitantes vayan evolucionando en sus costumbres y percepciones. Bueno, es tan fácil decirlo.


André Saint-Valle es un suizo que vivió muchos años en Canadá y EEUU, para luego quedarse en este austral país. Ha dedicado gran parte de este siglo a recorrer distintos lugares del mundo, siempre intentando aprender de la vida a través de la naturaleza.

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