Voces de la Corriente - Andre Saint-Valle

El Grand Slam

Prefiero comenzar esta columna indicando claramente que no pretendo fomentar ninguna clase de competencia o demostración de destreza. El Grand Slam en la pesca de salmónidos se conoce como la oportunidad de capturar en la misma jornada de pesca (y en el mismo río o lago, para hacerlo más absoluto), ejemplares de las tres especies de truchas más buscadas por los pescadores de agua dulce. Esto es, en el mismo día, o en el mismo lugar, lo cual en forma práctica es casi lo mismo. En la pesca de agua salada en el Caribe existe una versión que incluye un bonefish, un tarpon y uno de los elusivos permit.

El Grand Slam de agua dulce, sin ser un concepto institucionalizado, la verdad es que logra describir por sí sólo la posibilidad que ofrece algún cuerpo de agua muy particular de ofrecer un ambiente propicio para que ejemplares de trucha arcoiris, trucha marrón o fario, y trucha de arroyo, convivan y coexistan en el mismo entorno, cosa muy difícil dada las diferentes necesidades en condiciones de pureza de aguas, territorialidad y competencia que existe entre algunas de las especies de salmónidos.

En el hemisferio norte esta coexistencia se da en muy pocos lugares, siendo uno de éstos el 16 Mile River, en el estado de Montana. No sólo estas tres especies se encuentran en dicho río, sino que además se agregan cutthroats y whitefish.

En el hemisferio sur es en algunos contados lugares del sur de Chile y Argentina en los que se da esta coincidencia de estas tres especies. En Chile puedo nombrar un par: la zona de Peulla en el Lago Todos los Santos; algunas lagunas del extremo norte de la región de Aysén; Lago Yelcho. En Argentina las opciones no son mucho más numerosas, aunque incluyen destinos más cercanos de las grandes ciudades como algunos de los lagos menores de los Parques Nacionales Nahuel Huapi y Los Alerces.

Poder encontrar uno de esos lugares, con la presencia de estas tres especies es algo especial. Aún más si uno es capaz de tentar con una misma imitación a estas tres truchas. Esa oportunidad se me ha dado en 3 lugares en los que he pescado en mi vida. Uno de ellos, el 16 Mile en Montana, aunque han pasado muchos años desde que viví esa jornada en que capturé dos truchas de cada especie. Luego, en algunas lagunas pequeñas en la Carretera Austral chilena, especialmente en años en que la afluencia de turistas era notablemente menor que la de hoy. Y finalmente en aguas argentinas, particularmente en cuerpos lacustres.

La última de estas ocasiones, sin ir más lejos ocurrió en uno de estos lagos argentinos, a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Bariloche. Era un día martes, si bien recuerdo. Nos juntamos con el guía, un conocido de la localidad, a la salida de Bariloche por la ruta 258, en la estación de combustible de Villa Mascardi. Luego, yo y mi compañero Andrés Vicuña, nos montamos en la vieja camioneta del guía, quien comenzó inmediatamente a comentarnos de la posibilidad de pescar en dicha jornada cualquiera de las tres especies en el lago al que íbamos. Con Andrés comenzamos a imaginarnos esa situación.


Las truchas de arroyo (Salvelinus fontinalis), que en real se clasifican como salvelinos y no truchas, poseen hermosos colores. Su metabolismo requiere de un entorno sumamente puro y limpio, por lo que no sobreviven en cualquier lado.  Rara vez superan 1kg en peso a excepción de ciertos lugares en Labrador, Canadá, y en ríos y lagos de la Patagonia. 


Las truchas arcoiris (Oncorhynchus mykiss) son por muchos consideradas las más acrobáticas de las truchas. Su vigor y fuerza las hacen un objetivo muy preciado por pescadores de todo el mundo y su facilidad para adaptarse a diferentes entornos la hacen muy abundantes en aguas de la Patagonia.


Las marrones (Salmo trutta) ofrecen una pelea fuerte, aunque menos acrobática que las arcoiris. Sin embargo, siempre se las estima como más difíciles de engañar. Son más territoriales que las otras especies, por lo que no siempre es fácil pescar en un mismo punto de un río o lago, marrones en conjunto con otra de las truchas.

No se trataba de un simple hecho para anotar en una libreta de récords. La posibilidad de encontrar estas tres especies en un mismo lugar es tan poco probable que se debe entender como una oportunidad privilegiada y excepcional, donde se tendrá la posibilidad inigualable de percibir el carácter específico de cada uno de estos peces, ya que cuando se les conoce, se sabe que difieren enormemente.

A mi parecer, las truchas arcoiris, originarias de la costa oeste de Norteamérica, se han caracterizado por un espíritu más acrobático, donde no sólo saltos son su especialidad al verse clavadas por una imitación, sino que permanentemente están en la búsqueda de nuevas oportunidades, lo que las hace migrar de un lado a otro en el cuerpo de agua en que habitan. Por lo mismo, lograr engañarlas requiere de presentar un ofrecimiento artificial que se ajuste al patrón de caza que dichos peces mantienen en forma constante. Cuando pienso en las truchas arcoiris, se me viene a la mente el concepto de agilidad y aventura.

Por otro lado, las magníficas marrones son un ejemplo de solidez y perseverancia. Se las identifica como truchas más territoriales, teniendo la costumbre de establecer territorios de caza. Particularmente los ejemplares de mayor tamaño tornan su dieta, originalmente basada en pequeños insectos abundantes en el río o lago, a una dieta más abundante en proteínas y principalmente compuesta por grandes ninfas de insectos, o bien pequeños peces de otras o la misma especie. En mi opinión, las marrones se acercan más a lo que es un perfecto depredador, dando la impresión de ser un pez musculoso y poderoso, cosa que siempre se hace notar en las peleas por escapar de la clavada.

Las truchas de arroyo, que en realidad son salvelinos, una rama paralela a la de los salmones y truchas, son peces extremadamente hermosos en su forma y colorido. Rara vez se ven ejemplares que sobrepasen 1 kg en peso, pero su desarrollo corporal es un verdadero despliegue ornamental, destacándose el tono rojizo de sus vientres y sus tonalidades resaltantes en las puntas de las aletas. Es un pez muy sensible, por lo que su presencia es un real indicio de la calidad del agua en la que habitan. No lo reconozco como un pez demasiado selectivo, pero en mi experiencia las fontinalis realmente atacan la mosca cuando se deciden, particularmente en la pesca con mosca seca.

Volviendo al relato, llegamos finalmente a uno de estos lagos en donde el camino pasa por la orilla misma. En ese lugar, nuestro guía echó al agua un liviano, pero cómo bote equipado con un motor de 15 hp, el límite máximo estipulado para esas aguas. Con ansiedad nos montamos en el asiento y emprendimos el recorrido en dirección a lo que el guía describió como “el lugar más poblado de las tres especies”, dentro del mismo lago. Se trataba de una larga orilla cubierta con juncos en toda su extensión, formando varias pequeñas bahías que permiten cierta protección del viento.

Abrimos las cajas de moscas ante la crítica vista de nuestro guía. Rápidamente seleccionó un patrón de imitación de ninfa de libélula de mi caja y cerró la de Andrés, entregándole un patrón similar de su propia caja. Ambos armamos cañas #5, con líneas con punta de hundimiento y de hundimiento uniforme, respectivamente. Nos paramos a cada extremo del bote y comenzamos a lanzar, intentando pasear las moscas lo más cerca posible de los juncos.

Minutos después el primer tirón se sentía en mi caña. Apenas la mosca se posó en el agua, a unos 10 cm de los juncos - mi precisión estaba muy calibrada esa temporada - se sintió el ataque que directamente produjo un espasmo en la calma superficie del agua. Instantes después pude ver cómo una hermosa marrón luchaba por volver a su refugio. Una foto de rigor y la vuelta al agua fueron seguidas por una equivalente pelea por parte de mi amigo.

Otras Ediciones de
Voces de la Corriente

La Primera Vez
Spring Creeks
Un Guía Invernal
Dos Parques Americanos
Un Ciclo de Vida
Primavera
Código del Pescador
Brooks en Año Nuevo
Pescando muy Tarde
Lugares Especiales
Cierre de Temporada
El Espíritu de Aventura
El Lago de los Sueños
El Embrujo del Bosque

Al rato, la acción del comienzo decayó y las picadas se fueron separando en el tiempo. En ese momento, nuestro guía alejó el bote de la bahía que estábamos pescando, dirigiéndose a un sector en que la orilla y los juncos formaban una línea recta casi perfecta. En ese lugar nos indicó que lanzásemos en forma paralela a la orilla de juncos, en lugar de poner la mosca en el borde mismo. Funcionó a la perfección, ya que 5 lanzamientos después me permitían alzar una arcoiris para la respectiva foto. Era un hermoso ejemplar, con una banda roja impecable, y un cuerpo fibroso, que denotaba una buena alimentación, posiblemente a base de las abundantes libélulas.

Seguimos avanzando por esa “avenida” por otros 10 minutos, logrando cobrar otras dos arcoiris que se asemejaban en colorido y peso a la primera. Llegamos a la siguiente bahía y nuestro guía, en lugar de comenzar directamente a bordear la orilla de la bahía se dirigió por el centro de ésta y nos indicó que probásemos suerte lanzando hacia la boca de la pequeña bahía. La fórmula de éxito indicada pareció estar errada por unos largos 20 min, hasta que logré sentir que algo había atacado muy suavemente mi imitación, a estas alturas cambiada dos veces, pero manteniendo el mismo patrón. Volví a lanzar otras dos veces y en la tercera, al ir recogiendo con un poco más de velocidad, la trucha finalmente quedó clavada y comenzó una frenética carrera por soltarse. Un largo tira y afloja culminó finalmente con la única fontinalis o trucha de arroyo del día. Una bellísima trucha cuyos tonos rojizos parecían eléctricos.

Ese día salí del agua con esa sensación de una jornada memorable. Así es. No se me ha olvidado ningún detalle. Aún veo el paisaje con las montañas de puntas nevadas, el bosque verde alrededor de todo el lago, el agua azul oscuro, y los juncos ... interminables hileras de juncos de color claro. Por supuesto, las truchas, cada una con su propia personalidad y territorio. Cada una con su propia esencia, y por supuesto, con su propia forma de embrujarme. No me queda otra que esperar la próxima oportunidad en que pueda experimentar la emoción del grand slam.

Hasta la próxima.


André Saint Valle es un suizo que vivió muchos años en Canadá y EEUU, para luego quedarse en Chile. Ha dedicado gran parte de este siglo a recorrer distintos lugares del mundo, siempre intentando aprender de la vida a través de la naturaleza.

Comentarios se pueden dirigir a la dirección:
saintvalle@riosysenderos.com


Copyright 1999 - 2009 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768