Volver a lo Básico - Pablo Negri

¿Qué hora es? Hace breves instantes me he despegado de la TV. Sólo hace una semana y algo mi padre decidió, sin discernimiento, partir de esta a veces extraña pero apasionante Tierra. Una fantástica obra del celuloide me cautivó en el interior de una pantalla, que se ilumina por electrones, por espacio de casi 3 horas. Aún asocio la misma con mi viejo, su visión de este mundo y el embrujo que me enseñó respetar. De madre naturaleza y del hombre. Aquellos pintados con gloriosa prosa en obras de San Francisco de Asís. Asocio la misma al final del siglo que aún vivo, el que curiosamente Uds. leen en uno siguiente. La escritura es atemporal. Por eso adoro escribir. No así los mayores horrores del siglo XX que dejamos. Tal vez de la historia del hombre y su pobre humanidad. El abuso de nuestra madre tierra y del hombre por el hombre. Denuncio estos últimos. Los malditos nazismo y comunismo. Crueles y viles representaciones del demonio, en aquel terrenal reino que Dios, con paz y amor, nos entregara sólo en arriendo. Aquel amor que tanto olvidamos. El que hoy grito. Quién sabe si servirá de algo. Lo intento.

Y así, tomo este computador y me dispongo a escribir. Compongo un nuevo artículo. Le doy forma. Lo creo y rememoro. Indago en su estructura y la percibo. La construyo a golpes. Con fuerza y decisión. Aquella misma con que defiendo mis posturas de medio ambiente y paz. De las que soy un convencido. De las que no me me arrepiento. Las que más de un trago amargo brindan. Una figura que me ha movido a buscar un mejor destino. Entre aguas, peces y seres vivos. En paz. A lo largo de paisajes que algunos no descubren. Que nunca descubrirán. Escenarios que no conocen maldad y que sin embargo la sufren. El respeto falta. Es una sensación. Es en ocasiones percepción que luego se transforma en actitud. Y luego en conducta. Y me acerco a Dios. A aquel corazón puro y simple que desborda paz y amor. Hace falta. Y tomo caña, línea, sedal y un buen patrón y sueño. Sueño en un siglo abultado y desbordante de esperanza y respeto. Por el prójimo hecho ser humano, árbol, pez y paisaje. Por nuevas generaciones.

Una nueva eclosión se deja entrever entre tenues rayos de luz. De entre flujo y rocas una efímera visitante se posa en mis manos. Estoy en el río. Cualquier río. Miro mi palma para descubrir que aún con humedad en sus alas, brama por libertad. Mi abierta caja muestra una difícil elección. La recorro verificando tamaño. Forma y color. Repaso imitación. Atracción y acción. Mi amiga vuela mientras presento nuevas y locas danzas. Ritmos. En aire y agua. Burbujas y concéntricos círculos brotan en la película de un curso diáfano y azul, iluminado por destellos. Y un oculto habitante con aletas aparece. Vuelvo a lo básico. Le declaro la paz. Lo libero. El anticlimax de la muerte no existe en mi rito. Un pasado siglo cargado de violencia y horror, quiebra a cualquiera. Reverenciar nuestro entorno y prójimo, es volver a lo básico. Es creer en magia y esperanza. Aún creo en ella. Espero no equivocarme. Deseo volver a lo básico.

 


Parte de la evolución de una persona incluye sentarse y meditar acerca de las cosas que realmente importan en la vida y en este planeta. Es esta la idea reflejada en este aporte de Pablo Negri.

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